14 de junio 2006 - 00:00
Borges sigue guiando a la imitación y al plagio
-
La actriz argentina que está cerca de interpretar a un personaje en la nueva película de Superman
-
Condenaron a 15 años de prisión a la "Reina de la ketamina" por la muerte de Matthew Perry
La obra de Borges dos décadas después de su muerte ha
crecido en interés y difusión, derramando su influencia por
el mundo.
Eterno profesor, transmisor de conocimientos, a través de sus textos, Borges enseñará a leer a su lector, lo pondrá en crisis con sus creencias, lo enfrentará a la extrañeza de estar en el mundo y de observar las insensateces y misterios que lo rodean. Con una atenta mirada hacia su receptor, buscará una alianza a través del humor. Un humor aristocrático que va de la ironía al sarcasmo, y que ha quedado reflejado en muchas antologías de sus chistes. Como bien lo señaló Alan Pauls en «El factor Borges», «Borges instala la risa en el corazón del pensamiento». En sus cuentos Borges ofrece un catálogo de «sabios, idiotas, talentos desperdiciados, artistas fanáticos del error y la insensatez». Y, junto a ellos, héroes que son antihéroes, marginales que alcanzan la virtud del valor, delincuentes que tienen una ética del coraje.
«La fama, como la ceguera, me fue llegando poco a poco», cuenta Borges en la «Autobiografía» que le dictó a Norman Thomas di Giovanni, y agrega «nunca la había esperado, nunca la había buscado. Néstor Ibarra y Roger Callois, quienes a principio de la década del cincuenta se atrevieron a traducirme al francés, fueron mis primeros benefactores. Sospecho que su trabajo de pioneros preparó el terreno para que compartiera con Samuel Beckett el Premio Fomentor en 1961, ya que hasta que fui publicado en francés yo era casi invisible, no sólo en el exterior sino también en Buenos Aires. A consecuencia de ese premio, de la noche a la mañana mis libros brotaron como hongos por todo el mundo occidental».
Mucho se debatió, en ese tiempo, que se otorgara ese premio de los editores europeos conjuntamente con Beckett. Se los consideró incompatibles. No fue así, tenían mucho en común. Ambos partían en sus creaciones de la filosofía. Beckett de Kant, Borges --según lo ha dicho-de Schopenhauer, de Berkeley, de William James. Para los dos el humor, ese con apariencia de seriedad que caracteriza a la ironía, era esencial. En ese sentido tenian un emblema en el cineasta y actor Buster Keaton. Beckett llegó a trabajar con él, Borges -que lo oponía a Chaplin-disfrutaba evocando la forma en que Buster Keaton consigue hace reír con «cosas que parecen serias y son verdaderos desatinos», como logra que situaciones estrafalarias se vuelvan metafísicas.
Por el tiempo en que Borges veía por primera vez las películas Buster Keaton, se reunía con el excéntrico escritor Macedonio Fernández, su otro gran referente en el arte de hacer pensar riendo. Lo veía como «una especie de Mark Twain». Recordaba que «a Macedonio le gustaba compilar catálogos orales de personas de genio, y en uno de ellos me asombró encontrar el nombre de una mujer encantadora que ambos conocíamos, Quica González Acha de Tomkinson Alvear.Yo lo miré boquiabierto. No tenía la impresión de que Quica estuviera la mismo nivel que Hume y Schopenhauer. Pero Macedonio dijo: 'Los filósofos se han obligado a explicar el universo, mientras que Quica sencillamente lo siente y lo experimental y lo comprende'. Volvía la cabeza y preguntaba: 'Quica, ¿qué es el Ser?'. Y Quica contestaba: 'No sé que quiere decir, Macedonio'. '¿Ves? -me decía entonces-Quica entiende de manera tan perfecta que ni siquiera puede percibir nuestra perplejidad'. Con eso quería probar que Quica era una mujer de genio. Más tarde, cuando le dije que podríamos decir lo mismo de un niño o de un gato, Macedonio se enojó. Antes de Macedonio yo siempre había sido un lector crédulo. El mayor regalo que me hizo fue enseñarme a leer con escepticismo».
Esa enseñanza Borges la trasladará luego a muchas de sus obras, enseñará a leer con escepticismo a su lector, pero sin privarlo de ese placer que enseñara el griego Gorgias al defender el teatro: una historia y una trama que seduzca, que interese, que sorprenda, que lleve a internarse en ella como si fuera verdad, para finalmente realizar un aprendizaje y una catarsis.
Con acierto el diario «El Universal», de Venezuela», declara a Borges «la pluma mayor de las letras argentinas de todos los tiempos, poeta luminoso e irónico», y agrega: «un hombre de pensamiento incisivo como una daga que dejó algunas de las obras más hermosas que jamás se hayan publicado en lengua española». Es cierto, pero a esta altura ha reiteradamente confirmado que es, indudablemente, mucho más.




Dejá tu comentario