1 de noviembre 2004 - 00:00

Bregovic: "Mi pasión gitana debía tener un final feliz"

Goran Bregovic: «No es una recreación de la obra de Bizet y Merimée sino un trabajo contemporáneo, con la fuerza gitana como elemento común».
Goran Bregovic: «No es una recreación de la obra de Bizet y Merimée sino un trabajo contemporáneo, con la fuerza gitana como elemento común».
Una vez más, el yugoslavo Goran Bregovic actuará en el país. En este caso será, fundamentalmente, para presentar su obra «Karmen con final feliz» en el teatro Gran Rex los días 3 y 4 de noviembre. Pero también tendrá una participación, junto a su «Weddings and Funerals Band» en el «Personal Festival», en el club Ciudad de Buenos Aires, el día 6.

Admirado y reconocido en Argentina a partir de las músicas que compuso para las películas de su compatriota Emir Kusturika -«Tiempo de gitanos» y «Underground»-, aunque ya tenía una historia previa como músico de rock menos conocida por aquí, ya visitó un par de veces la Argentina. Dialogamos con él poco antes de su nuevo viaje.

Periodista
: ¿Qué es esta «Karmen con final feliz»?

Goran Bregovic: Me gustaría aclarar en principio que no es una recreación de la obra de Bizet y Merimée; es un trabajo contemporáneo. Por cierto, podría haber utilizado otro nombre, pero el destino de mis personajes necesitaban de la «Carmen» de Bizet como arquetipos narrativos. Es en este momento una de las cosas que estamos haciendo con mi Weddings and Funerals Band; ellos siguen siendo mi base. Esta Carmen con K es un poco gitana y un poco mundana. También hay dos hombres que se baten a duelo por ella, pero esta vez la historia no termina con el repudio trágico sino con una fiesta musical que, a pleno volumen y a pleno ritmo, celebra el doble matrimonio entre Karmen y su amor de toda la vida y entre Micaela y su corpulento novio policía resignado a no tener el amor de la irresistible gitana.

P.:
Y, desde ya, el tema gitano.

G. B.: Por supuesto, ese es el mayor punto en común con la obra de Bizet, que se trata de una historia de gitanos, de la vida en los márgenes de la civilización, y con la noción de libertad como única cosa por la cual vivir o morir. Pero allí terminan las coincidencias porque la música es absolutamente distinta.Y que se queden tranquilos los espectadores argentinos porque será subtitulada para que todos puedan comprender.


P.:
¿En qué otras cosas está trabajando? ¿Lo sigue atrayendo escribir para cine?

G.B.: He escrito la banda de sonido y he representado uno de los papeles principales en un film italiano, «Giorni di abandono». Un marido abandona a una mujer de mediana edad con dos hijos y ella se enamora de mí -yo soy un cellista, un extraño en el vecindario-. Este es el segundo papel que desarrollo en cine; el año pasado trabajé en un film escandinavo. La verdad es que me resulta muy divertido trabajar como actor.


P.:
¿Ha grabado «Karmen»?

G.B.: No todavía. La idea es que se convierta en una película. Eso ocurrirá probablemente el próximo año; entonces, se grabará y editará el disco al mismo tiempo.


P.:
Usted ha estado dos veces en Buenos Aires, una ciudad que lo admira. ¿Cómo recuerda esas visitas?

G.B.: En nueve años de giras (en esta que es mi segunda carrera como artista en vivo), realmente nunca tuve una audiencia como la de mi segunda visita a Buenos Aires, en el Luna Park. Fue una experiencia muy especial. El Estadio Luna Park es un lugar mágico. Me siento un privilegiado por haber tocado en ese lugar y haber tenido la recepción y la energía que me dio el público argentino. Como usted sabe, en este caso llegaré para hacer dos espectáculos diferentes: el 3 y el 4 de noviembre estaremos haciendo « Karmen» en el teatro Gran Rex, y el 6 haremos un concierto más cercano a lo que ya conocen de mí en el marco del «Personal Festival».


P.:
A usted se lo identifica fuertemente con la música de su país. ¿Por qué, entonces, elige vivir en París?

G.B.: Vivo en París pero trabajo en Belgrado. Yo nací en un país pequeño con una historia desafortunada. Mi abuelo fue soldado, mi padre fue soldado, y si yo hubiera permanecido durante la guerra seguramente también hubiera sido soldado. Es duro ser ciudadano de un país en el que los álbumes de fotos familiares están llenos de gente con uniforme. Por eso, disfruto viviendo en París. Es una ciudad en la que ser yugoslavo no implica necesariamente ser un ladronzuelo o un trabajador manual. Allí es posible ser yugoslavo y a la vez artista. Pero, dado que soy un compositor fuertemente relacionado con la música de mi tierra, necesito permanentemente instalarme en mi lugar de origen y recoger mi herencia sonora; por eso trabajo en los Balcanes y en Belgrado.


P.:
¿Sus obras son «world music»?

G.B.:Yo toco igualmente en teatros y festivales de música clásica, en lugares y festivales de «world music», en festivales de jazz. Los periodistas y los organizadores de los festivales necesitan rótulos y los usan; pero yo no preciso de ellos. Yo pienso que mi música oscila entre Arvo Pärt y Nusrat Fateh Ali Kahn; y creo que la mayor parte de mi audiencia también fluctúa en ese mismo lugar.


Entrevista de Ricardo Salton

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