Divididos, una de
las bandas de
rock que pasaron
por el Festival
Pepsi Music,
donde pese a
algunas ironías
desde el
escenario, hubo
paz entre
rastafaris,
metaleros,
«rolingas» y
«chetos».
«Divididos» en Pepsi Music. Ricardo Mollo en guitarra y voz, Diego Arnedo en bajo y Catriel Ciavarella en batería.
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Antes de que comenzara a «aplanar» el rock de Divididos, pasaron por el Pepsi Music Intoxicados, con Pity Alvarez, y luego los hermanos Ruiz Díaz con Catupecu Machu. El trío Divididos cerró el día con su absoluto -y habitual- dominio del escenario en Obras, el estadio que mejor les sienta. Aunque los recitales más rabiosos de la banda se hayan vivido en el Obras cubierto -ahora llamado «indoors»- hace ya una década que les ha quedado chico y deben ofrecer dos tipos de conciertos: o bien un Gran Rex acústico, o bien un campo electrizante.
Y afortunadamente esto último fue lo que ocurrió el viernes, alternando temas poderosos («Cielito lindo» o «El 38») con canciones lentas que invitan al trance, sobre todo por la cruda distorsión en guitarras que predomina en «Mañana en el Abasto» o «Brillo triste de un chanchero», para nombrar sólo los que mejor sonaron el viernes.
Fueron casi dos horas de recital mayormente eléctrico y con recuperación de temas de los primeros discos como «Aladelta» (bien entonada por el invitado Alejandro Sokol, de «Las Pelotas») o «Sábado», mientras que del anteúltimo album, «Vengo del placard de otro», se destacó «Casitas inundadas a votar».
Antes de Divididos, Fernando Ruiz Díaz de Catupecu había ofrecido el guiño hacia los enemigos del pop: se burló de la frase «Es la guitarra de Lolo», en alusión al hit del grupo Miranda, lo que recordó la inconducente guerra entre rockeros y Djs. Algo de esta antigua antinomia (enterrada y absurda desde que la música electrónica recurre a remixes del rock más pesado) se reflejó en la naturaleza del público presente en el Pepsi Music: rastafaris, metaleros, «rolingas» y «chetos» convivieron pacíficamente, bajo el manto de música que, según su género, convoca targets bien diferentes, por caso, Luis Alberto Spinetta el mismo día que Los Ratones Paranoicos.
Así las cosas, se advirtió la abismal diferencia entre el público heterogéneo de este megarrecital y un festival estilo Cosquín Rock, donde la mayoría acampa una semana a la vera del río. En el Pepsi Music hubo legión de familias y cientos de invitados, que echaban un vistazo desde la carpa vip, sushi en mano y atuendo más bolichero que de pogo y recital.
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