Nuestro cine tiene, como todos, películas muy buenas, buenas, más raras que buenas, o más bien intencNuestro Nuestro cine tiene, como todos, películas muy buenas, buenas, más raras que buenas, o más bien intencionadas que logradas, pero además tiene, como pocos, una notable variedad de estilos, temas y propuestas, multitud de intérpretes, técnicos de nivel indiscutible, entusiastas que se las ingenian con poco, que persisten y, sobre todo, que rescatan o reelaboran asuntos nuestros, manteniendo lo que de otro modo sería olvido. Eso, entre otras cosas. Y eso es lo que puede verse en los estrenos de esta semana.
Buena mixtura de films nacionales (de cuando aún se filmaba)
Coincide hoy el estreno de varias películas argentinas, producidas en distintos años. Se destacan "Imprenteros", con Lorena Vega, y "Salvajes", con Beatriz Spelzini y el chileno Luis Gnecco
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Lorena Vega en "Imprenteros" (2018). Valioso film sobre el oficio que debió esperar hasta hoy para su estreno
De un libro de sucesos fantásticos de Leopoldo Lugones, “Las fuerzas extrañas”, el cordobés Augusto Sinay sacó la idea para hacer “El escuerzo”. Según viejas creencias, si alguien mata a ese animal, el mismo resucita, se hincha y trepa sobre el agresor, congelándolo con su vientre frío de batracio.
Aquí el que resucita es un cura, quien se trepa sobre el infeliz y se da el gusto es una muchacha risueña y malvada, y no es esto lo único que pasa. Lugones escribió el cuento en 1897, Sinay ambienta su historia en 1866, para ubicarla en tiempos de la Guerra del Paraguay (aunque por ahí alguien recita unas estrofas del “Santos Vega” que Rafael Obligado escribió en 1885), en fin, todo filmado en Traslasierra por hábiles egresados de la Enerc, la escuela de cine del Incaa. Casi todos cordobeses, salvo el español Javier Pereira (es coproducción hispano-cordobesa), y casi todo es una novedad dentro del cine fantástico.
Francamente realista, “Salvajes”, coproducción cordobesa-mendocina-chilena del experimentado Rodrigo Guerrero, plantea un drama cercano a los miedos de estos tiempos. Un matrimonio de buen pasar sufre el asalto de tres maleantes. Medianamente repuesto, el hombre sale con un revólver y de algún modo captura al menos peligroso, pero no lo entrega a la policía. Lo lleva al sótano.
La mujer es cómplice, pero también tiene espíritu maternal. Esto no va a tener final feliz. Con Beatriz Spelzini, el trasandino Luis Gnecco (el padre de Robledo Puch en “El ángel”) y Alan Fernández, es decir, muy buenos intérpretes, y además muy buena música y factura precisa, “Salvajes” apunta hacia el camino de la terrible tragicomedia del maestro Monicelli “Un burgués pequeño, pequeño”, lo que es decir.
“El agrónomo”, de Martín Turnes, elige otro tono, con un asesor de cultivos transgénicos que no quiere mostrar lo que realmente piensa, pero se ve obligado a tomar posición. La hija adolescente está en una movida ecologista y lo enfrenta, desde otro ángulo y de algún modo también sus contratistas lo enfrentan, en tanto la gente del pueblo donde residen empieza a plantearse una posición más firme frente a los daños colaterales, y a veces mortales, de los llamados agrotóxicos. Diego Velázquez representa con precisión al personaje, rodeado por Valeria Lois, Susana Pampin, la joven Angela Zapata, y la inmensidad de la pampa.
Plenamente urbano, en cambio, “Bajo el sol del rocanrol”, de Mónica Simoncini y Omar Neri, es un documental de rico material de archivo con abundantes recuerdos de mucha gente valiosa, en torno a la memoria de Jorge Pistocchi, numen de la contracultura de los años ’70 en adelante.
Periodista bohemio, empezó en la revista “Pelo”, fundó sucesivamente “Mordisco”, “El expreso imaginario” (su mayor logro), “Zaff” y “Pan caliente”, estas tres últimas en plena dictadura, impulsó artistas, difundió sus creaciones, se fundió, reincidió, colaboró en los ’90 con los obreros de una fábrica textil hasta recuperarla, siguió con otros, ya en este siglo se volcó a la radio y a otras formas informales de contacto con la gente, murió pobre, traicionado y casi olvidado.
Ahora este documental refresca la memoria de su generación, notifica a las siguientes, y señala a los pretendidos ídolos que por plata ensuciaron lo que fuera. Notables, la cantidad de figuras que dan su testimonio, la recreación de viejos y queridos modos rockeros y el trabajo de edición de Sebastian Mariño.
Por último, lo más alegre y singular: “Imprenteros”, del matrimonio Lorena Vega y González Zapico, que ella define como una película “genuina, cruda, casera”. Actriz de teatro independiente, Lorena Vega y sus hermanos (Sergio, imprentero y actor, Federico Alfredo, contador) hicieron en 2018 una obra inesperadamente exitosa donde contaban entre risas las cosas tristes y risueñas de su propia familia, y del amor al oficio de imprenteros que el padre les había contagiado.
Un padre tan amado como criticado, tan distante como presente en la memoria. Cuando la pandemia interrumpió la obra, nació el libro, que aumenta el texto inicial. Zapico fue registrando el nacimiento de ese libro, la vida cotidiana de la familia, y las nuevas reflexiones y anécdotas de los hermanos.
La familia, las vicisitudes del país y del trabajo a lo largo del tiempo, todo eso está contado ahora con lenguaje de cine y mantenida frescura. Como suele ocurrir, lo que alguna vez fue amargo se recuerda con sonrisas, que se contagian al público.


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