«Todos juntos» (Argentina-Bélgica, 2002, habl. en español). Guión y dir.: F. León. Int.: F. León, J. Anganuzzi (Malba, jueves y domingos).
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A modo de prólogo, un joven aprende a matar un chanchito en el campo. Después veremos la agonía y destripamiento del pobre bicho. Como la película, de apenas 65 minutos, se da lejos de las comidas, difícilmente el espectador rechace después alguna picadita. En cambio, parece que el crimen integra una lista de causales de separación de la pareja protagónica.
Efectivamente, la chica dice algo así como «vos no me cuentes lo del chancho y yo no te voy a contar lo que hice». No es que fuera su mascota, pero sirve.
Ella parece ser de esas que cualquier cosa les sirve para esquivarel bulto y volcar todas las culpas en el otro. Se lo pasa casi todo el tiempo en actitud recriminatoria. Al otro un poco le rebota, por suerte, pero ahí anda dando vueltas alrededor de ella todo el tiempo. Y también intenta su jueguito: «si me voy a comprarte cigarrillos a lo mejor no vuelvo, ¿qué preferís?», y después se pone a leerle una agenda inocua por el teléfono publico. Ella lo atiende desde el semipúblico de un bar, que es como una casa sustituta.
Ella es telefonodependiente. Habla con la madre hasta para contarle qué van a pedirle al mozo mientras charlan sobre su inminente (e improbable) separación. Se ignoran las causas de la misma, pero las consecuencias pueden ser nefastas. «Tu mamá y mi mamá se van a seguir viendo», etc. De ahí quizás el título, porque parece que estuvieran todo, y todos, pegoteados, aunque en ese momento sóolo una suave música de piano, y un televisor que pasa un texto sobre el fracaso, acompañen la acción.
•División
Hasta ahí la primera parte, que termina con un quiebre acaso significativo. La segunda parte admite variaciones. En sucesivos primeros planos, ella se larga a hablar a borbotones sobre los celos, los espacios, la vergüenza, la imagen que una deja, etc., y él pareciera recordar charlas mejores, momentos más interesantes, o quizás mas egoístas, porque lo que alguna vez fue o pareció una comunicación amorosa es hoy un recuerdo agrio, a juzgar por los rostros de esas víctimas involuntarias de sí mismas. Que, por lo que se deduce, seguirán juntas, y a la intemperie.
Lo bastante vaga como para que cada cual la entienda a su manera, estilizada y aséptica como para gustarle al sector que desdeña costumbrismos y contenidismos, y corta, como para que unos se queden con ganas, y los demás no rompan las butacas, la película constituye una buena simbiosis de cine y teatro. Su autor y protagonista es hombre de teatro.
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