Burlona fábula de Arias sobre la pasión amorosa

Espectáculos

«Relaciones tropicales». Libro: R. de Ceccatty, A. Arias y G. Demaría. Puesta en esc.: A. Arias. Int.: A. Radano y G. Faelli. Mús. de los recitativos: G. Demaría. Piano y arreglos musicales: M. Macri. Percusión: J. Barra. Vest.: F. Tournafond. Dis. de Ilum.: J. Rouveyrollis. Ambientación: L. Hager. Dir. de arte: A. Díaz Navarro. (La Trastienda.)

E ste nuevo trabajo del director argentino residente en París, Alfredo Arias, es el resultado de un atractivo ejercicio de intertextualidad. En él se narran las intrigas amorosas de dos perversos seductores del siglo XVIII a través de un repertorio bolerístico.

De la famosa novela epistolar «Las relaciones peligrosas» de Pierre Ambroise Choderlos de Laclos (1741-1803) se ofrece una versión libre y bastante compactada, que apunta fundamentalmente al lucimiento vocal de Alejandra Radano y Giorgio Faelli, dos artistas muy carismáticos y de amplios recursos expresivos. Junto a ellos, Marcelo Macri (en piano) y la simpática percusionista Jaqui Barra aportan al espectáculo un aire de frescura e informalidad.

Los protagonistas de esta historia son dos aristócratas de costumbres licenciosas (la marquesa de Merteuil y el vizconde de Valmont) que ya sea por celos, deseos de conquista o ansias de poder se dedican a manipular las vidas ajenas y a enmarañar sus vínculos afectivos y sexuales. Tal es el caso de la joven pareja integrada por Cecilia Volanges y Danceny, quienes en un principio actúan como simples juguetes de estos dos libertinos, para luego transformarse en sus más eficaces discípulos.

Algo muy diferente ocurre con
Madame Tourvel. Ella es la víctima ejemplar, una mujer austera y muy devota (aquí tomada en solfa) que cae en las redes de Valmont convertida en uno de sus trofeos. Pero, contra todo pronóstico, la pureza de sus sentimientos captura el corazón del vizconde desatando una sorpresiva cadena de muertes, arrepentimiento y venganza.

La puesta de
Arias transforma la complicada intriga de esta novela en una burlona fábula sobre la pasión amorosa que también encuentra su proyección en la actualidad (cambio de vestuario mediante). Los intérpretes tienen a su cargo algunos breves recitativos que van dando continuidad a la historia entre bolero y bolero. Se incluyen clásicos de Agustín Lara, Roberto Yanés, Armando Manzanero, Chico Novarro y hasta un tema de Ricardo Arjona («Jesús, verbo, no sustantivo»). Son letras que aportan color y pasión a una historia que por momentos pierde claridad y fluidez.

Quizás
Arias haya dado por descontado que siendo una obra tan conocida (se han hecho numerosas versiones cinematográficas y teatrales), bastaba con un suave bosquejo argumental para delinearla en escena. El formato de ópera-cabaret, elegido por Arias privilegia las figuras arquetípicas de estos dos seductores por encima de las peripecias que los rodean; pero como todos los roles femeninos y masculinos han quedado en manos de dos únicos intérpretes, tal vez sea necesario recurrir al programa de mano para entender quién es quién o para captar mejor el relato poético del pianista. Macri aborda con entusiasmo un texto que hubiera requerido de un actor entrenado, pero aún así sus líneas ofrecen una sensual versión de la obra, centrada en el mundo de los insectos. Un recurso poético que recuerda vagamente al «Maleficio de la mariposa» de García Lorca.

Conociendo el argumento de antemano, se podrá disfrutar más a fondo del interesante contrapunto que ofrecen los boleros, algunos de hondo dramatismo (
«Morir de amor» de Charles Aznavour) y otros en clave paródica, como «Espérame en el cielo...» o «Un beso y una flor...» (popularizado por Nino Bravo).

El vestuario de época diseñado por
Françoise Tournafond es simple, refinado y acompaña la acción armoniosamente. En cambio, la gran cama de estilo ubicada en el centro del escenario termina teniendo muy poco uso. Sólo resta destacar el buen desempeño de Giorgio Faelli (nacido en San Luis, criado en Córdoba y residente en Francia). Su debut en la Argentina ha sido muy auspicioso. Por su parte, Alejandra Radano («La bella y la bestia», «Chicago», «Canciones degeneradas») sigue mostrándose como una intérprete muy dúctil, capaz de aunar la comedia y el drama con el desenfado del cabaret.

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