31 de agosto 2004 - 00:00
Calderón de lujo por Lavelli
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El espectacular marco para «La hija del aire» en la Sala Martín Coronado del San Martín, donde se estrenó el clásico de Calderón, en versión Lavelli.
Radicado en París desde hace cuatro décadas, Jorge Lavelli dio sobradas muestras de creatividad y rigor artístico en diversas puestas que estrenó en la Argentina («Yvonne, princesa de Borgoña», «Seis personajes en busca de un autor», «Mein kampf, una farsa» y «El caso Makrópulos», entre otras). Su versión de «La hija del aire» ratifica la visión de un artista que concibe el teatro como una experiencia en la que confluyen todas las artes.
Portillo dota a su Semíramis de un salvajismo primario y femenino que recuerda a la figura de Medea. Pero a medida que avanza la acción va adquiriendo ciertos rasgos perversamente « masculinos» (como la crueldad, el gusto por la guerra y la ambición desmedida) que también la acercan a otros grandes «monstruos» obnubilados por el poder, como el «Ricardo III» de Shakespeare.
La aparición del adolescente Ninias (otra vez Portillo) ocupando el trono por voluntad del pueblo, brinda uno de los momentos más regocijantes de esta versión. La torpeza y timidez del hijo de Semíramis provocan carcajadas en el público. A partir de allí la acción va sumergiéndose en un clima de absurdo y humor negro que revitaliza la mirada crítica del autor. Cuando la reina toma la apariencia de Ninias para ocupar su lugar, hace estallar en pedazos el orden hasta entonces conocido, arrastrando a todo su entorno hacia una vertiginosa espiral de delirio y ambigüedad.
La refinada puesta de Lavelli cuenta además con música de Gerardo Gandini, ejecutada en escena, vestuario de Graciela Galán y una imponente escenografía, concebida por Agostino Pace. «La hija del aire» merecía ser llevada a la escena, por su vigencia y calidad. Es, sí, un desafío grande para la capacidad de concentración del público actual, pero que recompensa.



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