13 de enero 2000 - 00:00

"CAMBIO DE VIDA"

Como una prueba más de que Hollywood está dispuesto a que toda su iconografía sea revisada por ojos y sensibilidades extranjeras, he aquí una comedia dramática netamente norteamericana, pero dirigida por un chino: Wayne Wang. Ese adversativo hace la diferencia. Wang es el director de «El club de la buena estrella», un fresco de la inmigración china en Norteamé-rica, y también de «Cigarros» y «Humos del vecino», donde apoyado en la letra de Paul Auster retrató magistralmente la vida en Brooklyn y a Brooklyn mismo. Por cierto, más en la primera que en la segunda.
Del mismo modo, «Cambio de vida» explora, por un lado, la conflictiva relación entre una madre y su hija adolescente que hace reír y llorar como corresponde al género y paralelamente revela una Los Angeles desconocida y asombrosa.

 Buenas actrices

Antes de llegar a LA -más precisamente a Beverly Hills-, Adele y Ann ( Susan Sarandon y Natalie Portman, la niñita ahora algo crecida de «El perfecto asesino», una pareja protagónica inmejorable), atraviesan buena parte de los Estados Unidos desde su Wisconsin natal discutiendo a lo largo de casi todo el trayecto. Es que lo último que desea Ann es dejar a sus amigos y parientes, estar en ese llamativo Mercedes-Benz en que su madre gastó alocadamente todos sus ahorros para alejarlas a ambas de la vida pueblerina, y mucho menos acepta el objetivo unilateral de ese viaje: convertirla a ella en una actriz de Hollywood. No importa que Ann llore y patalee, Adele cree saber lo que le conviene a su hija por la sencilla razón de que «soy tu madre y ése es mi trabajo». Después vendrán otros enfrentamientos mientras Ann crece y Adele se resiste a despertar de sus delirios de grandeza.

 Detalles

Como se verá, un argumento más que transitado, para colmo salido de un bestseller, pero mejorado, primero, por Alvin Sargent (el guionista de «Julia» y «Gente como uno») y después por la sutileza de Wang y su notable manejo de los detalles que hacen a los vínculos, familiares en el caso.
El logra que el amor simbiótico entre ambas mujeres y, sobre todo, sus irredimibles diferencias sean tan creíbles que el espectador nunca sabrá de qué lado ponerse. Si Adele es realmente insufrible, también es cierto que Ann es injusta más de una vez, como todo hijo que se precie. Si la madre es infantil, egoísta y arbitraria, la hija a veces es demasiado «sensata» y le cuesta ver a la otra como una persona que sufre y siente, como todo hijo... etc. Fundamentalmente, lo que Wang consigue es transmitir el amor que se tienen, gracias a un manejo de cámara vigilante y sereno. Tan sereno como el relato mismo, es decir sin golpes bajos, a excepción de una muerte levemente anunciada. Las actuaciones, ya quedó dicho, son estupendas. Es un placer ver a las protagonistas juntas o separadas, cada una con su instante de lucimiento, como no podía ser de otra manera, pero siempre totalmente justificado. En pocas palabras: sólo una comedia dramática hollywoodense, pero diferente.

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