27 de enero 2000 - 00:00

"CANDYMAN 3"

D e todos los clásicos del terror de los años '90, «Candyman» es uno de los que más se sostienen, no sólo por la rica imaginación del escritor Clive Barker sino también por la elegancia visual de su director Bernard Rose (que luego abandonó el género para dedicarse a las pasiones de Beethoven en «Amada Inmortal»). Lástima que de estas cualidades queda muy poco en «Candyman 3», una película B que aunque en los Estados Unidos sólo se vio en video, aquí nos llega innecesariamente en pantalla grande (un detalle irónico teniendo en cuenta la cantidad de buenas películas que aquí van directo al video).
Lo bueno es que el amenazante -y muy buen actor-Tony Todd, por lo menos, consigue trabajo volviendo a interpretar a aquel pintor de Nueva Orleáns que por sucumbir a los encantos de su modelo blanca fue torturado, asesinado y volvió de la tumba convertido en un espectro realmente temible. Sólo que por algún motivo en esta tercera parte sus fechorías se trasladan al barrio chicano de Los Angeles, donde la última descendiente de la amante del pintor presta los antiguos cuadros de su tatarabuela para reivindicar al artista detrás del sangriento mito de Candy-man. Por supuesto, la idea es un error que se traduce en destripamientos al por mayor, más las inevitables apariciones de enjambres de abejas que acompañan los asesinatos de Candyman. Desde la inexpresiva belleza de la protagonista Donna D'Errico hasta la poco imaginativa puesta en escena para las escenas más sangrientas -ni hablar de los mediocres falsos sustos, con tretas de montaje remanidas hasta el hartazgo-todo luce a telefilm de segunda línea.
El guión es tan limitado que todo el tiempo trata de buscar alguna subtrama nueva -como una secta de chicos malos dark haciendo rituales-, y ni siquiera sabe aprovechar las posibilidades dramáticas y estéticas del Día de los Muertos, efeméride que justificaría la ambientación en Los Angeles. La única escena interesante es la de un ritual indio a cargo de una manosanta cuyos poderes no alcanzan a levantar el nivel de un producto que no da para más que una sesión de zapping en la TV por cable.

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