28 de diciembre 2004 - 00:00

"Cascanueces" para las fiestas

• «El Cascanueces». Ballet en dos actos (1892). Coreog. y puesta en esc: R. Nureyev, según M. Petipa y L. Ivanov. Música: P.I. Tchaikovsky. Ballet Estable. Direc.: M. García. Orq. Filarmónica Bs.As. Direc.: B. D'Astoli. Coro de Niños. Direc.: V. Sciammarella. (Teatro Colón). Nuevas funciones: 28, 29 y 30 de diciembre.

El mayor atractivo de «El Ecascanueces » reside en ser un amplio compendio de la danza académica más pura ( elaborada por Marius Petipa y Lev Ivanov), con una narración infantil de claros tintes oníricos y, a su manera, con aportes psicoanalíticos (sobre todo después de la revisión de Nureyev), que reclama un alto vuelo de fantasía en su puesta en escena.

Esta particular simbiosis se da de manera contundente en la realización coreográfica, refinada y candorosamente teatral, que legó el mítico Rudolf Nureyev en 1971 y que ahora el teatro Colón vuelve a reponer para cerrar el año coreográfico, sumándose a otros países (sobre todo los anglosajones) que ya tienen a «El cascanueces» como un ícono de las celebraciones navideñas.

La magnífica producción escénica, con escenografía y vestuario firmados por Nicholas Georgiadis, es la misma de aquellas históricas representaciones en las que el mismo Nureyev asumió los papeles centrales de la obra -Drosselmeyer, el mago y el Príncipe- ahora nuevamente iluminados por la eficacia de Rubén Conde y que sirvió para dar un marco bello e imaginativo a la estupenda realización de Nureyev, repuesta en esta ocasión por la inglesa Patricia Ruanne.

Autorizada por los descendientes del gran artista ruso para sus reposiciones en el mundo, Ruanne efectúa su trabajo con puntilloso cuidado. Otro factor fundamental para la actual reposición es la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires que con la guía de Bruno D'Astoli ejecuta con prolijo acabado la hermosa partitura de Tchaikovsky.

El Ballet Estable con la dirección de Marta García, que con este espectáculo se despide de la formación, mostró una gran disciplina,un alto nivel técnico y riqueza teatral. Los brillantes conjuntos (como el famoso «Vals de las flores») tuvieron correspondencia en interpretaciones solistas muy eficaces.

En las personificaciones centrales, Adriana Alventosa (Clara) y Jorge Amarante (El príncipe) cumplieron con labores muy destacadas en el plano técnico y dramático, animando con verdadera pericia las exigencias virtuosísticas diseñadas por Nureyev, observables sobre todo en el soberbio «pas de deux» del acto final.

Adriana Gancedo, Edgardo Trabalón, Cecilia Mengelle
y Leonardo Reale, entre otros, cumplieron asimismo destacadas actuaciones.

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