Catherine Deneuve, infiel, especuladora e insaciable

Espectáculos

París - Catherine Deneuve (1943) se avino a interpretar en 1980 el papel de una mujer judía que menospreciaba el servilismo de un crítico de teatro colaboracionista. Era un film de François Truffaut, se titulaba «Le dernier métro» (El último subte) y se ha convertido ahora en paradoja biográfica de la actriz francesa: el periodista Bernard Violet prueba documentalmente que el padre de Deneuve, actor de 23 films, doblador de Alan Ladd, animador radiofónico, tuteaba a los nazis y ponía la voz al régimen de Vichy.

Es un dato estremecedor que ha permanecido oculto durante 60 años, bien porque nadie se había ocupado de reconstruir el árbol genealógico de la diva o bien porque ella misma fue capaz de distraer a los biógrafos con su capacidad de seducción y con sus artes de «manipuladora».

La ayudaba, quizás, el recurso de haber elegido como alias artístico el apellido de su madre. Sonaba mejor Deneuve que Dorléac. Más aún considerando que el patronímico de monsieur Maurice estaba envuelto en una sentencia de « ignominia pública» dada a conocer con motivo del proceso judicial que le instruyeron en París después de la guerra del 45.

Quedaba probado que el padre de Catherine Deneuve lanzó consignas filonazis y proclamas antisemitas en 76 emisiones de Radio París. También se demostraba que el actor francés aceptó participar en dos cortometrajes que ensalzaban a Petain y acusaban a la « antipatriótica resistencia».

Bernard Violet ha encontrado los documentos «incriminatorios» en los Archivos Nacionales y los ha convertido en la gran novedad de una biografía cuyo título, «Deneuve liberada», encierra un vistoso contrasentido. «Ha sido una mujer que ha logrado liberarse. El problema es el precio. Yo lo creo desproporcionado si consideramos que Catherine Deneuve ha convertido su belleza y su personalidad glacial en un método para alejarse de los otros. Es una mezcla de egoísmo y de pesimismo. Se la admira pero nadie la ama. Quizá por la ambigüedad: libertaria y burguesa; excesiva y puritana; generosa y manipuladora», explica Bernard Violet.

El escritor francés es un especialista en la demolición de los mitos nacionales. Rescató a Cousteau de las aguas para denunciar su ambición y su avaricia. Hizo un retrato despiadado de Alain Delon que todavía colea en los tribunales de justicia. Incluso despojó al crepuscular rockero Johnny Hallyday de la espesa capa de inmunidad mediática que lo arropa.

Tenía que llegarle el turno a la actriz francesa. Ninguna otra compatriota ha sido tan cortejada, respetada y condecorada. Tampoco Deneuve ha encontrado competidoras en el descaro y en la valentía de sus decisiones. Se fue de su casa con 16 años, fue amante de Roger Vadim con 17, dio a luz su primer hijo sin haberse casado -tenía 20 años-, destronó a Brigitte Bardot desde la complejidad y aceptó trabajar a las órdenes de Buñuel, Polanski y Truffaut porque aunque fuera bella de día le interesaba la oscuridad. Bernard Violet la ha acompañado sin permiso a las sombras de su ejecutoria. El memorial se expone a un proceso judicial y a una multa indemnizatoria, pero la editorial Flammarion ha preferido correr los riesgos de los tribunales porque el libro va camino de convertirse en un best seller y porque las fuentes formativas merecen bastante crédito.

Especialmente cuando el biógrafo investiga la vida sentimental de Catherine y reconstruye las cañerías del emporio financiero al que la actriz dio forma con la creación en 1985 de la firma Deneuve S.A. Era y es una estructura bizantina que permite a la ex compañera de Marcello Mastroianni diversificar sus fuentes de ingresos. No sólo las películas, las series televisivas y las campañas publicitarias. También los dineros que recauda por su presencia testimonial en las fiestas privadas de la alta sociedad. Bernard Violet cita concretamente el caso del magnate argelino Abdlemoumen Khalifa, cuyos recursos económicos le permiten decorar los saraos con la musa de Truffaut, y de Techiné, y de Wargnier.

«Catherine Deneuve es insaciable con el dinero. No le importa rebajarse a películas de ínfima calidad y a festines mundanos con tal de hacer caja. Pocas veces he visto una persona de semejante frenesí financiero. Pierde la cabeza por acumular fortuna», explica el autor de «Deneuve liberada».

  • Amantes

    Las 480 páginas del polémico libro se complican como una enrevesada tela de araña cuando aparecen en escena los amantes, compañeros y maridos de la actriz. Empezando por el fotógrafo londinense David Bailey. Contrajo matrimonio con Deneuve en 1965, aunque el contrato nupcial se malogró apenas dos años más tarde porque el tipo no hablaba una palabra de francés y a Catherine, en cambio, la cansaba comunicarse todo el tiempo en lengua inglesa. No hubo lugar para la transición. Resulta que la protagonista de «Repulsión» encontró cobijo en el regazo de Marcello Mastroianni. Tuvieron una hija en común, Chiara, aunque Bernard Violet revela que Deneuve «duetaba» con el magnate televisivo Pierre Lascure.

    No repararon en gastos, lo que se dice. Al menos, el memorial apócrifo que ha aparecido en las librerías francesas -40.000 ejemplares- cuenta los viajes que la pareja hacía a Nueva York a bordo del Concorde (1985-1987) y se recrea en las cenas chez Mitterrand, cuya bodega en las paredes del Elíseo descollaba por la opulencia y la promiscuidad consentida.

    No importa. Bernard Violet sostiene que Catherine Deneuve es una mujer « profundamente infeliz, fría y arbitraria». Le atribuye una terceraedad patética, aunque reconoce que la «Tristana» de Buñuel ha logrado detener el tiempo. Nadie diría que acaba de cumplir 64 años ni sospecharía que le han ofrecido trabajo concreto para los próximos diez años en el cine.

    Todo ello sin rebajar un euro el cachet. Bernard Violet revela que Catherine Deneuve se niega a rodar una película por menos de 450.000 euros.

    También sostiene que el dinero ha sido la única certeza.

  • Desasosiego

    Puede tratarse de una exageración envenenada, pero el autor del libro entiende que el desarraigo de Deneuve es la clave del desasosiego personal. En primer lugar porque el pasado colaboracionista del padre fue una especie de estigma. Y en segundo término porque el accidente mortal de su hermana mayor, Françoise Dorléac, 200 papeles teatrales, 40 películas y compañera de reparto de Catherine en «Les Demoiselles de Rochefort» (Jacques Demy), la condujo a un estado de escepticismo más o menos crónico y enfermizo.

    «Eran dos temperamentos opuestos. Y puede que también complementarios. Françoise respondía a un perfil intuitivo, espontáneo, de talento explosivo y generoso. Catherine, en cambio, se ha comportado siempre como una mujer secreta, resuelta, calculadora, especulativa, pragmática. La muerte de Françoise en 1967 ha sido para la Deneuve su cruz y, al mismo tiempo, su razón de ser», concluye Bernard Violet mientras decide cuál será la próxima víctima.
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