1 de octubre 2004 - 00:00

Cautivante versión de "Madame Bovary"

La bella y talentosa Julieta Díaz (a quien las cámaras de TV aún no le han hecho justicia) es una exacta Emma.
La bella y talentosa Julieta Díaz (a quien las cámaras de TV aún no le han hecho justicia) es una exacta "Emma".
«Emma Bovary». Dramat. y Dir.: A.M. Bovo. Int.: J. Díaz, J. Calvo, S. Guadalupe, M. Guma, L. Mastromauro,G. Osman y A. Ragno. (C.C. de la Cooperación.)

Esta atractiva adaptación escénica de «Madame Bovary» (novela que escandalizó a su época y le valió a su autor, Gustave Flaubert, un juicio por presunta inmoralidad) tiene la virtud de estimular la imaginación del espectador con el encanto de su sencillez y una estudiada economía de recursos.

La dramaturga y directora Ana María Bovo recuperó la profunda sensualidad de esta historia y le dio carnadura, subrayando a la vez los valores literarios del original. En primer lugar, instaló en escena un coro de mujeres, dispuestas a ensayar fragmentos de «Lucia di Lammermoor» (la única ópera que conoció Emma Bovary en toda su vida). Esta excusa les permite evocar a la seductora heroína y hablar de ella como si se tratase de una conocida. El relato grupal va ganando dramaticidad a medida que avanza la acción, ya que los movimientos casi coreográficos de las actrices y el apropiado uso de los escasos elementos escénicos (un piano móvil, un pequeño cantero con tierra y varias sillas) hacen que los hechos cobren vida y espacialidad.

El espectáculo nunca abandona su improntanarrativa, pero la permanente oscilación entre presente y pasado y la inclusión de encendidos soliloquios y escenas dialogadas logran quebrar la neutralidad del relato en tercera persona y su estilo descriptivo. Entre los momentos mejor logrados figuran la escena en que Rodolfo seduce a Emma y el posterior encuentro sexual entre ésta y León, consumado dentro de un carruaje de alquiler. Para este último episodio, Bovo recuperó varios textos del original en francés, de intensa musicalidad y sentido rítmico, que además aportan un eficaz matiz humorístico.

La autora no descuidó ninguna de las múltiples facetas de «Madame Bovary»: desde las veleidades románticas de su protagonista («intoxicada» de novelas desde su más tierna juventud) y su creciente lujuria, hasta las ironías y el humor negro de su autor, que se empeña en ofrecer un despiadado retrato de aquellos espíritus sensibles que viven encerrados en un mundo de ensueños y desdeñan todo La bella y talentosa Julieta Díaz (a quien las cámaras de TV aún no le han hecho justicia) es una exacta «Emma». cuanto huela a mediocridad y provincianismo.

El elenco se desempeña con entusiasmo y aplomo, pero es la actuación de Julia Calvo la que marca el exacto nivel de expresividad, soltura y riqueza de matices que requiere este espectáculo. El rol de Emma Bovary quedó concentrado en Julieta Díaz, quien consigue transmitir la fragilidad y el apasionamiento de su personaje, aportándole además su deslumbrante belleza. Y éste no es un dato menor, dado el carácter intimista de la puesta. La actriz de «Locas de amor» (a quien las cámaras de televisión todavía no le han hecho justicia) exhibe su delicado rostro empalidecido de dolor o encendido por la furia y el deseo; mientras la exquisita iluminación de Gonzalo Córdova la embellece aún más rodeándola de climas nocturnales, agrestes o festivos, según lo vaya requiriendo la acción.

El espectáculo tiene un epílogo en el que
Emma reaparece en escena después de su suicidio, apelando a la complicidad del público femenino. Poco tiene que ver este final con el espíritu de la novela, ya que Flaubert, al criticar a quienes vivían egoístamente al margen de la realidad, no hablaba particularmente de las mujeres sino de sí mismo (suya es la famosa frase «Madame Bovary soy yo»).

Fuera de esta salvedad, «Emma Bovary» es un espectáculo que se disfruta y que, sobre todo, invita a releer esta magnífica novela.

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