(06-12-2000) El tout Buenos Aires se agolpó el lunes a la noche en el clásico edificio del cine Grand Splendid, transformado desde esta semana en la nueva sucursal de la librería El Ateneo, a la vez que en la megalibrería de mayores dimensiones de Sudamérica.
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Rabeno Saragusti, dueño del inmueble y titular del circuito de cine más tradicional del país, estaba radiante: «Cuando vimos que el Splendid ya no podía seguir adelante como cine, quisimos darle el mejor destino posible», dijo a este diario. «Pero no fue fácil. Primero se pensó en la posibilidad de una sociedad con Daniel Grimbank para representar musicales, pero no llegamos a un acuerdo. Y luego vino la bendición de esta librería y centro cultural. Creo que al Splendid le hemos encontrado la mejor novia.»
Figuras de la política, la pluma y el arte, todos estaban allí. Entre otras reformas, se convirtieron los antiguos palcos del segundo piso en salitas de lectura y el tercer piso en una sala de arte que ofrece antiguos afiches del cine argentino. «No creo que haya en el mundo otra librería así», decía Eduardo Grüneisen, de El Ateneo, a este diario apenas cortó la cinta del reciclado cine. Entre los que lo saludaban no faltó quien elogiara el respeto con que se realizó el reciclaje.
«Restaurar y respetar es el secreto, pero además tiene que rendir muy bien el negocio de los libros, ésa es la condición esencial», respondió pragmático Grüneisen, mientras Ernesto Sabato, contemplativo en el salón, observaba la transformación del edificio. Jorge Telerman, Clara Lamas, Luis Ovsejevich y Norma Quarrato comentaron que con ese mismo estilo y aprovechando el escenario de un viejo teatro, como lo hicieron al montar la librería, Philippe Starck diseñó un restorán en Madrid, el superexclusivo Teatriz.
Y justamente el lunes fueron varios los que subieron hasta el escenario «para ver lo que se siente», como manifestó Susana Rawson Paz, quien luego de darse el gusto regresó a su palco balcón. Desde allí, disfrutando de otra vista en perspectiva de la sala, estaban sentados Juan José Sebrelli, Natalia Kohen y Natu Poblet, bien provistos de champagne y bocaditos de salmón. También ellos hablaban de la posmodernísima moda del fachadismo, es decir de la actual costumbre de preservar la cáscara de los edificios y cambiar su función.
«El mejor ejemplo -aseguró Rawson Paz-es el del Museo D'Orsay, que fue una estación de trenes que en algún momento quisieron demoler y hoy es uno de los sitios paradigmáticos de París.» En tono ya filosófico, Orly Benzacar le dijo a Frances Reynolds Marinho que es preciso resguardar las fachadas y el estilo, pues forma parte de la memoria colectiva de la sociedad. Y contrastaron este reciclaje con el del Mercado de Abasto, que a en cambio perdió su estructura original de hierro. Ricardo y Eduardo Grüneisen, Eugenia y su hija Magdalena se dedicaron a conversar con la gente del ambiente del arte, dado que se trata de una familia de coleccionistas. Alejandro Corres y Juan Cambiaso les consultaron sobre las obras de la nueva figuración, el período fuerte de los Grüneisen, quienes en el edificio inteligente de Amalita Fortabat exhiben las mejores obras de la década del '60.
Tampoco faltaron escritores amigos, como Jorge Asís (contento por la buena respuesta de la segunda edición de «Diario de la Argentina») e Ignacio García Hamilton, quien reconoció que luego de la polémica que suscitó su libro dedicado a San Martín comenzó a investigar la vida de Bolívar.
En otro sector, el de las numerosas góndolas que ahora ocupan el espacio de la platea, un inspirado grupo señalaba sus preferencias por el estilo más conservador y elegante de El Ateneo, en comparación con el de Yenny, cadena de librerías que pertenece a la misma firma.
En otro rincón, Antonio Carrizo, reunido en el bar con la gente de la radio 103.9 de Quilmes, donde tiene un programa los sábados de 10 a 13, comentaba que ya había logrado formar de nuevo su biblioteca de Borges, luego de haber ven-dido la anterior. Los editores se cruzaban con los libreros. José Juan Fernández Reguera, de Losada, se preguntaba si se había pensado en la rentabilidad inmediata de la megalibrería, porque todos los libreros saben que los tiempos están más que difíciles y no sabía cuánta gente podía visitar esa «mega» de 2.000 metros cuadrados.
El sector editorial de El Ateneo está entusiasmado con la salida de libros que va a lanzar el sello a competir en el mercado criollo. Uno será «El divorcio del año» y es una investigación de la renuncia de Chacho Alvarez y la separación de la fórmula con De la Rúa, el otro es un libro de lujo sobre «Tierra del Fuego» con texto de Silvia Iparraguirre que se pasó varias semanas recorriendo el extremo sur del país.
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