21 de octubre 2004 - 00:00

"Chiche Bombón"

«Chiche Bombón» (Argentina, 2004, habl. en español). Dir.: F. Musa. Guión: F. Musa, G. Romero Borri; Int.: A. Galante, F. Cánepa, E. Liporace, I. Pelicori, V. El Jaber.

Después del agradable enredo de «No sabe/ No contesta», Fernando Musa presenta otra historia de amores juveniles, pero esta vez en tono de comedia triste, bastante realista, sobre una gente cuyo principal delito es la inocencia. Por ejemplo, la parejita mal preparada que espera una criatura, el viejo puntero de un partido que ya fue, la futura abuela que se enerva ante la inmadurez y la inutilidad de su hija. Cualquiera de ellos puede hacer algo incorrecto, pero ninguno es malo. Tampoco la película, aunque le hubiera venido bien un poquito más de nervio y de letra.

Debe reconocerse la dificultad del asunto. El muchacho de «Fuga de cerebros» era un inmaduro, pero soñaba y quería poner sus sueños en acción. El de ahora, que vendría a ser el de estos tiempos, el de apenas una generación después, bien puede arriesgarse por algo (hay una escena de buen suspenso en ese sentido), pero habitualmente ni siquiera sueña, sólo adopta una pose y al final simplemente deja transcurrir el tiempo, embotado en la inacción. Y es muy representativo, todos los días pueden verse muchísimos pibes como él, encima molestos porque el mundo no funciona a su manera.

¿Cómo se hace, para que este sujeto le caiga simpático al espectador? O al menos, para que le tenga algo de piedad. El autor lo consigue. Más difícil todavía -y también lo consigue-, es hacer comprensible la salida que le da al personaje de la chica, una muñecota buena para nada, eterna adolescente aplastada por una madre que la descalifica para todo, y un padre que la envuelve sin haber sabido prepararla, y ahora sin saber respaldarla. Esa salida es bastante discutible en todo sentido, pero en la vida real también mucha gente la elige. «Y, si ella es feliz y se siente contenida», dirá alguno.

Se nota el cariño que siente Musa por sus criaturas, así como su conocimiento de la gente común que acá muestra, un poco en un tono de cine poético popular, y otro poco en peligroso tono de sainete. No suena a sainete, sin embargo, sino a grotesca realidad, la escena que juegan Andrea Galante, como la muchacha que ya debería saber de qué se trata, y Gonzalo Urtizberea, como el concejal que, según él, sabe muy bien de qué forma tratarla, antes de concederle un puestito.

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