29 de mayo 2002 - 00:00

Christie's subasta borrador de Borges

Manuscrito de El Sur
Manuscrito de "El Sur"
El 20 de junio, en la nueva sede que Christie's abrió en la avenida Matignon de París, se rematará una obra fundamental del patrimonio cultural argentino: un borrador de «El Sur» de Jorge Luis Borges. «Acaso mi mejor cuento», según considera su autor.

Se trata de ocho páginas arrancadas de un cuaderno con espiral, con la escritura pulcra y menuda de Borges sobre el papel reticulado que usaba habitualmente en esa época. El manuscrito, cuya base oscila entre 70.000 y 100.000 dólares, está firmado y fechado en 1953, el mismo año que lo publicó el diario «La Nación», pero también ostenta su data: Adrogué, localidad que inspiró un nostálgico poema y donde la familia Borges tenía una quinta.

«El Sur»
pertenece a la época en que al perder progresivamente la visión, Borges comenzó a escribir con dificultad, y antecedió en dos años a su asunción al cargo de director de la Biblioteca Nacional y el «Poema de los dones»: «Dios, con magnífica ironía / Me dio a la vez los libros y la noche». En 1956 ya no podía leer y se vio obligado a dictar su textos.

A medias autobiográfico, «El Sur», según previene el escritor en el prólogo, «es posible leerlo como directa narración de hechos novelescos y también de otro modo». Evoca un accidente que padeció en la víspera de la Navidad de 1938, cuando al subir una escalera golpeó inadvertidamente su cabeza contra una ventana.

El cuento coincide con el testimonio de Leonor Acevedo, su madre, quien dijo que deliró durante varios días a raíz de una septicemia, y que este episodio determinó el inicio de su literatura fantástica. La madre cuenta que le leyó una página de un libro de Bradbury que él prologó posteriormente. Borges escribió que su protagonista, también bibliotecario, había conseguido esa tarde un ejemplar de «Las Mil y una Noches» y «ávido de examinar ese hallazgo, no esperó que bajara el ascensor y subió con apuro las escaleras; algo en la oscuridad le rozó la frente...». El cuento integra la serie de relatos de «Artificios», libro que junto a los cuentos de «El jardín de los senderos que se bifurcan» se publicó bajo el nombre de «Ficciones».

La armoniosa estructura visual del manuscrito, que mantiene en toda su redacción un ritmo regular y armonioso, al igual que las anotaciones de puño y letra inscriptas al comienzo y el final de la obra, son un regalo extra. Y en el catálogo de la subasta observan datos que agregan especial interés: «Borges se saltea una línea, lo que le permite insertar muchas variantes, a veces hasta tres versiones diferentes de una misma idea. También pueden verse varios cambios señalados mediante un astuto sistema de referencias, que permiten apreciar la gestación de la obra, previas a la versión final».

No es la primera vez que aparece un manuscrito de Borges en el mercado internacional. «El Aleph», dedicado a su amiga Estela Canto, quien decidió venderlo, fue adquirido por la Biblioteca Nacional de Madrid por 25.000 dólares en la década del '80.

En 1996,
Eduardo Costantini compró en el Hotel Drouot de París «El hombre de la esquina rosada» por 80.000 dólares que estaba estimado en 20.000, y en el mismo remate pagó otros 81.000 dólares por las 23 cartas de tono erótico que le escribió a su compañero del liceo en Ginebra, Maurice Abramowikz. Otro tiempo, otra Argentina. Costantini, como contrincantes en la puja, además de los compradores extranjeros tuvo que competir con la Secretaría de Cultura de la Nación y los coleccionistas Jorge Helft y Alejandro Vaccaro.

El interés por
Borges crece en todo el mundo. En el Centro Pompidou de París existe una sala que lleva su nombre, como muchas universidades de EE.UU., la de Virginia tiene una biblioteca con primeras ediciones y manuscritos, y en Dinamarca como en otros países, crearon hace años un centro de estudio y documentación. Mientras las tan buscadas primeras ediciones de sus libros o aquellos que llevan su firma, escalan cotización de modo vertiginoso.

Consultada la representante de Christie's en Argentina,
Cristina Carlisle, sobre la identidad del vendedor, señala que la casa mantiene su nombre en reserva y la obra fue consignada en París. Se sabe que no pertenece a la Fundación Borges que dirige María Kodama, pero los expertos señalan que «hay varias personas en Buenos Aires que poseen papeles y objetos del escritor, pero lo mantienen en secreto absoluto, y bien podría pertenecer a alguno de ellos».

El sobrino del autor,
Miguel de Torre, cuenta que su tío era muy regalador, y bastaba que alguien le ponderara su corbata para que se la sacara al instante y se la diera. «Y así era con todo, salvo con sus libros. Cualquiera puede haber tenido la suerte de que le regalara un manuscrito».

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