El tono fantástico predomina en los primeros días de Berlín

Espectáculos

Protagonizada por Érica Rivas, la película está basada en "El mal menor", la novela del escritor de culto C.E. Feiling. Brasil presentó "Todos los muertos", un drama histórico también sobrenatural.

Berlín - Las novedades de esta nueva edición del festival de cine de Berlín, que se extenderá hasta el 1 de marzo, están dadas por el cambio de timón en el equipo dirigente, sus funciones divididas ahora entre un director artístico, el italiano Carlo Chatrian, exdirector del festival de Locarno, y Mariette Rissenbeek, una alemana procedente de la industria, como directora ejecutiva. Aunque según lo visto estos días, la bifurcación no representa una corrección sustancial al curso imprimido durante casi dos décadas por el director anterior, Dieter Kosslick. Más bien -parafraseando al protagonista del Gatopardo- para que las cosas queden como están, hay que cambiarlas. Sigue el mismo compromiso político del festival, aunque hace treinta años que su enfoque en la Guerra Fría se haya fijado otros rumbos. En esta edición, los temas son el medio ambiente, la sostenibilidad de los recursos, los desprotegidos en una economía globalizada, y gobiernos opresivos.

La eliminación de secciones como Cine Culinario y Cine Nativo, y la aparición de otras -por ejemplo, Encuentros, un espacio para la innovación cinematográfica- no alteran la ecuación, que se continúa midiendo por el apoyo entusiasta de una ciudad con cinefilia de larga data. Tan en así que el festival otorga los premios el sábado y dedica el domingo a mostrar las películas ganadoras por toda la ciudad.

La competencia ha hecho régimen, volviéndose esbelta: apenas dieciocho películas, de directores consagrados -el alemán Petzold compite por quinta vez; la británica Sally Potter y el norteamericano Abel Ferrara son algunos de los nombres conocidos- y otros debutantes, como nuestra compatriota Natalia Meta. Hay un énfasis en realizadoras mujeres. Incluso el festival, muy prolijamente, compila estadísticas de género, ya que la paridad es su objetivo.

Ya se han visto seis de los 18 títulos y, como siempre, un conjunto sumamente ecléctico estimula a buscar conexiones de estilo y género, que revelen los criterios de selección. Llama la atención que lo real maravilloso -el “umheilich” de Freud, lo que simultáneamente se percibe como misterioso y familiar- es el denominador común de cuatro de los primeros seis títulos vistos hasta ahora, ya sea en una variante mágica, de terror psicológico o sobrenatural, o a nivel de mito clásico que irrumpe en la vida moderna.

Estas cuatro películas parten de la premisa de que hay una realidad más allá de lo tangible -al que pertenece el realismo mágico del boom novelístico latinoamericano- y que desarticula lo ordinario, sin explicar de dónde viene ni qué objetivo busca. “Onward”, el largometraje de Pixar, es una fantasía contemporánea sobre dos hermanos elfos que buscan reconectarse a través de la magia con el padre que murió joven. Son jóvenes Ulises en un sinfín de aventuras, que los devuelven a su Itaca, un suburbio de Los Angeles, madurados. La primera frase de la película, un narrador en off, describe la pérdida de lo real maravilloso: “Long ago, the world was full of wonder. Over time, the magic added away”. La secuencia que sigue, un montaje de unicornios, centauros y otras criaturas mágicas -al estilo de Los Picapiedras- está muy lograda. Y como toda narrativa clásica hollywoodense, la trayectoria de los héroes desemboca en un final redentor.

El thriller psicológico “El prófugo”, de Natalia Meta, adaptación de la novela de C.E. Feiling, “El mal menor”, borra sistemáticamente los límites entre lo real, lo imaginario y lo psíquico, según los experimenta su protagonista Inés (Érica Rivas), cantante en un coro clásico y también dobladora de cine de terror erótico. Rivas opera en un registro similar al de la novia desencajada que interpreta en el último episodio de “Relatos salvajes”. El espectador no sabe dónde está parado en la historia, ni qué es lo real, lo imaginado, el efecto de las drogas, y si realmente los monstruos de la razón -percibidos en la banda sonora- toman por asalto la cotidianidad de la mujer y adquieren vida propia. El final es abierto, inquietante y admite cualquier hipótesis. Meta incursiona por el territorio que cultiva con esmero Lucrecia Martel, y que por ahora ahoga la voz propia de esta nueva realizadora.

El curioso drama histórico sobrenatural “Todos los muertos”, de los brasileños Marco Dutra y Caetano Gotardo, recurre a lo real maravillos para explorar la impronta africana en Brasil. El relato de una familia de hacendados venida a menos -todas mujeres, en papeles simbólicos- es el punto de partida para examinar el precio de la esclavitud y sus consecuencias, aceptadas o subterráneas, en la cultura y la historia de Brasil. Lo afro-brasileño trasciende el pintoresquismo y el folklore, y propone sin ambages una aceptación de la sensibilidad espiritual y religiosa de los descendientes de esclavos, que piden un lugar en la mesa de hoy. (En el Brasil de Bolsonaro la película ha de resultar subversiva). La propuesta visual y sonora de “Todos los muertos” maneja eficazmente las convenciones del cine de terror, y los directores/guionistas aciertan al superponer cronologías: si bien los hechos ocurren entre Navidad de 1899 y Carnaval de 1900, lo que se ve es el Sao Paulo de hoy. Al relato se le mecha el ensayo histórico y la película se lee como una alegoría.

“Undine”, el drama romántico escrito y dirigido Christian Peltzold (“Barbara”, “Fénix”, “Tránsito”), reimagina el mito de la sirena, originada en los cuentos de hadas franceses y raíces míticas, pero con variantes importantes (no estamos en territorio Disney), llevadas a un Berlín contemporáneo. Muy bien narrada dramáticamente, con más de una vuelta de tuerca y un estupendo trabajo de cámara bajo el agua, “Undine” utiliza el concepto de lo real maravilloso para armar una historia que propone la coexistencia del mundo racional (el de la filosofía de Kant y Leibniz) con el romanticismo de Herder y los hermanos Grimm. En otras palabras, la cara y cruz de la cultura y el arte alemán, incluido el cine, que tantas obras importantes ha producido.

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