20 de marzo 2003 - 00:00

"CIUDAD DE DIOS"

Escena del film
Escena del film
«Ciudad de Dios» (Cidade de Deus, Brasil, 2002, habl. en portugués). Dir.: F. Meirelles & K. Lund. Guión: B. Mantovani, sobre texto de P. Lins. Int.: A. Rodrigues, L. Firmino da Hora, M. Nachtergaele, D. Silva, P. Haagensen, S. Jorge.

H ay que remontarse hasta «Pixote» para encontrar una historia de niños delincuentes tan terrible como la de esta película. Y volver sobre «Pandillas de Nueva York», para encontrar alguna semejanza con la guerra de criminales que aquí se cuenta. Y seguir a Fernando Meirelles, que en sólo tres films pasó de hacer el delicioso personaje de Ziraldo «O menino maluquinho» (aquí editado como «El pibe piola»), a conducir una apabullante megaproducción sobre Dadinho, un pibe psicópata, capomafia de favela (entre medio tiene una grata comedia coral, «Domésticas. El film», y en carpeta un drama a filmar en cinco continentes, modestamente llamado «Intolerancia II»).

Se justifica el entusiasmo. En esta «Ciudad de Dios», manejando la comedia dramática, el drama a secas, y finalmente el drama de acción con final «feliz», un elenco enorme de verdaderas revelaciones, y una variedad siempre sorprendente de recursos, Meirelles desarrolla, sin discursos ni solemnidades, una de las películas más entretenidas y movilizadoras de esta parte del mundo.

Pero antes de la primera toma, apretó primero una crónica novelada, armó un taller actoral para gente de las favelas, negoció con los jefes de barrio el permiso de filmación, y armó todo su relato en tres partes, que expuso a sus colaboradores en un ya famoso manual. Aquí, la síntesis:

«Años 60, los primeros robos, el Trío Ternura, sonido de samba, estilo clásico, evoca una especie de criminalidad romántica. Los '70, el negocio de Zé Pequenho, ambiente de marihuana, mucho color, cámara y montaje más flexibles, pop, funk. Comienzos de los '80, la venganza de Mané Galinha, guerra total entre narcos, colores fríos, heavy metal, saltos de imagen, cámara desenfocada, ritmo trepidante. Mala reacción a la coca».

El resultado, es la formidable historia de una urbanización irónicamente llamada Cidade de Deus, nacida con pretenciones de chalecitos allá por los '60. O, en primer término, la historia de «la aristocracia del barrio», que evoluciona desde unos muchachones divertidos, todavía capaces de entrever otra forma de vida en su futuro, hasta una gente más alterada, con «el don del crimen» y el placer de matar y mandar, que envuelve a todos en atrocidades cada vez peores, con víctimas y victimarios cada vez más jóvenes, y proveedores siempre impunes.

En el fondo, la historia de cómo tantos sueños de progreso han caído en nuestro continente, a medida que crecieron los negocios del narcotráfico y la corrupción. Y de cómo hacer con todo eso una película fuera de serie, ante la cual el espectador difícilmente corra el riesgo de perderse, confundirse, o aburrirse.

Para que no se pierda, justamente, cada tanto un narrador hace la debida presentación o vinculación de personajes y situaciones, como quien nos cuenta esas cosas que nunca saldrán en la tele. Después, con la mente más fría, el espectador puede advertir algunos puntos flojos, algunos cuantos lunares en el relato, que también los tiene. Pero recién después.

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