21 de agosto 2002 - 00:00

Colón: deja buen balance "maratón" de conciertos

Como la actividad musical es tan intensa, reseñaremos aquí los últimos conciertos en el Teatro Colón.

En la séptima función de su abono La Orquesta Filarmónica fue dirigida por Pedro Ignacio Calderón en una obra de inmensas proporciones, la Sinfonía N° 3 de Gustav Mahler, que requiere orquesta sobredimensionada, coro femenino y de niños.

Calderón
pudo imponer su calidad semántica en el orgánico orquestal, armado con solidez los seis movimientos que la integran y dominio absoluto en el quinto, donde a la masa orquestal se sumaron los coros y la mezzo Marta Culleres, que trajo el perfume de una noche de verano, con calma y serenidad.

La lograda versión de la Sinfonía tuvo como aperitivo a Chopin y a Liszt con Elsa Puppulo, una pianista local que al finalizar su actuación ¡le tiró flores al público!.

Ese mismo escenario fue cedido a la «Youth Orchestra of the Americas», 111 músicos de entre 13 y 23 años representando a 20 países, y entre los cuales hay cuatro argentinos: Griselda Giannini, Clara Nardozza, Andrés Martín y Florencia Tomasini, a la última nombrada se le cedió la batuta para dirigir el Himno Nacional Argentino; emocionante.

El organismo, que tiene a Plácido Domingo como Consejero Artístico, a Marta Argerich y Yo-Yo Ma como asesores, llegó bajo la dirección de Christopher Wilkins. Presentaron la obra «Voices Rising» de Jon Deak (el solista de contrabajo de la New York Philarmonic), para ser difundida en esta gira; es compleja pero estimulante. Con el festejado pianista Horacio Lavandera abordaron el Concierto N° 4 en Sol Mayor Op. 58 de Beethoven; excelente la orquesta y bien afirmado el solista. La Sinfonía N° 1 de Gustav Mahler nos permitió apreciar el ajuste de las cuerdas y la potente sonoridad de los bronces.

Los dos últimos conciertos de la Filarmónica también fueron con Mahler, esta vez la Quinta Sinfonía, que el director Luis Gorelik llevó adelante en agotadora pero satisfactoria labor, sobre todo en el «Adagietto», en delicada y transparente realización.

Es discutible el armado de este programa, ya que en la primera parte se tocó el Concierto N° 2 Op. 83 de
Brahms, obra monumental de casi 50 minutos de duración, y que contó con Alexander Panizza como solista. No salió todo lo bien que se esperaba, ya sea por diferencia de concepción del solista y director, o porque los ensayos deben haber sido más agotadores que la velada.

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