21 de abril 2003 - 00:00

Como Jarret en la Scala, el Colón para Gismonti

Como Jarret en la Scala, el Colón para Gismonti
"Después de 20 años de tocar en Argentina en prácticamente todos los escenarios y todos los lugares, finalmente se me ha dado esta oportunidad de hacerlo en una de las salas más importantes del mundo, el Teatro Colón, en piano solo y con una acústica que es reconocida internacionalmente. Pero además me da mucha alegría saber que la mayor sala lírica de la Argentina está abriendo sus puertas también a las músicas no europeas, como en mi caso; a músicas que provienen del folklore.Afortunadamente, en Brasil ya suceden estas cosas, pero no es tan común encontrarlo, salvo pocas excepciones, en otros países de América Latina".

Egberto Gismonti
noche dará esta noche un concierto en la sala principal del Teatro Colón. Difícil de encasillar --puesto que su repertorio, sus discos y sus conciertos han circulado y circulan por diversos géneros-, este brasileño nacido en Carmo en 1947 acumuló una vasta discografía y ha compartido grabaciones y escenarios con las figuras más destacadas del jazz y de la música popular, como Nana Vasconcelos, Hermeto Pascoal, Charlie Haden, Paco de Lucía, Keith Jarrett, Jan Garbarek, Chick Corea o Pat Matheney, entre muchos otros.


Egberto Gismonti: «Tocar piano de cola exclusivamente me permite no usar amplificación -con la guitarra no sería posibley eso es lo que busco, un concierto íntimo».


Periodista: ¿Por qué ha decidido tocar exclusivamente piano en este concierto y dejar de lado su otro instrumento, la guitarra?


Egberto Gismonti: La idea es hacer un concierto sin interrupciones, sin intervalo. Entonces, si tuviera que cambiar de instrumento, eso me obligaría a cortar y, en consecuencia, a perder parte de la concentración. Tocar piano de cola exclusivamente me permite no usar amplificación -con la guitarra no sería posible-y eso es lo que busco, un concierto íntimo. Lo considero como una forma de agradecimiento a todo el público argentino que me ha seguido a lo largo de los 20 años que visito este país. Por eso he discutido con la gente del Colón para poner entradas a precios realmente populares. Me hubiera encantado poder tocar allí sin cobrar nada, aunque sé que eso no es posible; pero hemos puesto precios muy accesibles. Hacía tiempo que tenía ganas de dar un concierto largo de piano solo y estoy feliz de que hayamos podido concretarlo.


P.:
En sus conciertos, o inclusive en su disco «Tren Caipira» de 1985, trabaja con la música de Heitor Villa-Lobos como si fuera música popular, a pesar de que es música escrita. ¿No le cuestionan esa actitud?

E.G.: Voy a disentir con usted. No creo que la música de Villa-Lobos sea música clásica. Un artista como él que siempre estuvo cantando y componiendo choros y viviendo entre el pueblo, no es un músico clásico. Ocurre que fue a Europa y allí contó con un instrumento europeo como es la orquesta sinfónica; y para ese instrumento compuso su música. Pero en realidad se trata solamente de eso, de un instrumento; porque su música es eminentemente popular. Villa-Lobos no contaba con un grupo -como puso suceder con Astor Piazzolla-ni era instrumentista y por eso compuso para orquesta sinfónica pero, insisto, lo suyo es claramente popular. De tal modo, no hay ningún problema en que uno pueda tomar esa música y recrearla sin la obligación de to-carla tal como fue escrita. En Brasil eso no ha generado ninguna crítica; y ese disco que usted menciona, «Tren Caipira», ha recibido muchos elogios y premios. Por esa razón es que es poco habitual encontrarse con la música de Villa-Lobos en las orquestas euro peas o norteamericanas. Porque no basta con leer las notas que están escritas; hay una cuestión rítmica, como sucede normal-mente con las músicas populares, de difícil interpretación para esos instrumentistas.

P.: ¿Cómo será su concierto de esta noche?

E.G.: Esa fue otra de las discusiones que tuve con la gente del Colón, porque ellos querían que les diera un programa para imprimir, como si fuera un concierto clásico.Y este no será un concierto clásico. La verdad es que no sabré qué voy a tocar hasta que no esté sobre el escenario. Es que tengo un repertorio muy amplio, acumulado a lo largo de muchos años. De modo que voy a tocar lo que me surja en ese momento. Igualmente, puedo decirle que seguramente habrá música de Villa-Lobos, deAstor Piazzolla -otro de mis músicos más admirados-y composiciones mías, algunas conocidas por el público argentino y otras cosas nuevas que aún no he grabado
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P.:
¿Cómo es su rutina habitual de conciertos en estos tiempos? ¿Suele tocar solo o está al frente de un grupo?

E.G.: Ultimamente, lo que más me interesa es el trabajo con orquesta sinfónica. Es algo que ya he hecho en Argentina y que hago con mucha regularidad en Europa. También toco a veces con otros solistas, como por ejemplo Charlie Haden. Y en algunos otros casos, con un grupo, del que participan mis hijos. Ocurre que mi música, aunque no lo parezca, está escrita en un 95%. Es muy poco lo que queda librado a la improvisación, aún cuando toco solo como ocurrirá esta noche; y, como le decía, estoy muy interesado en trabajar con el instrumento sinfónico.


P.:
¿Qué músicos o artistas brasileños y argentinos admira además de los ya mencionados Villa-Lobos y Piazzolla?

E.G.:
Es una pregunta que me hacen habitualmente y siempre evito dar nombres de músicos de mi país. Sí le diré que en Argentina admiro mucho a una cantante que se llama Silvia Iriondo, a quien conocí hace poco tiempo, y a otra gran cantante, Liliana Vitale, a quien sí conozco desde hace mucho. Pero también soy un gran admirador de Martha Argerich, a quien considero una de las más grandes pianistas de todos los tiempos. Yo siento un gran respeto por artistas como ella que, a costa de sacrificios personales -y no hablo de lo económico sino de lo emocionalabandonan sus países para representarlos en el exterior. Porque aceptan la soledad del exilio para hablar de sus países.

P.:
¿Nunca se planteó vivir fuera de Brasil?

E.G.: Sí, varias veces. Dos en Estados Unidos y otra más en Europa. Pero a los pocos meses regresé. No pude soportarlo. Yo no tengo esa capacidad de soportar el hecho de estar alejado de mis cosas y de mi gente
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