Cómo se hace cine en el país, por 30 directores

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"Aunque la película sea sobre la fabricación de un tornillo, debe llegar a todo el mundo. Yo siempre cito una del holandés Bert Haamstra sobre el vidrio, que era una maravilla", dice el realizador Rodolfo Durán, a propósito de su documental «Dirigido por», que ahora se estrena, y donde treinta directores argentinos de cine se confiesan a cámara.

Periodista:
En festivales y funciones previas su obra demostró cuánto le gusta al público general conocer a quienes están detrás de las cámaras. Sin embargo, ahora usted prefiere estrenarla en una sala alternativa.

Rodolfo Durán: Es que difícilmente los documentales recuperan el solo gasto de lanzamiento en el circuito común. Menos aún otros gastos anexos. Es la realidad.Así que prefiero este modo, que además me permite charlar con la gente. Después veremos otras salidas. Canal 7 me lo pidió, pero gratis.


P.:
Usted va combinando entrevistas con fragmentos de películas y noticieros, en una suerte de diálogo virtual..

R.D.: Esa era la idea. Los entrevistamos por separado y luego, gracias al montajista Eduardo López, parece que estuvieran hablando entre ellos, a veces incluso disintiendo entre ellos, porque cada uno tiene una mirada distinta. Y también hay un diálogo real: juntamos cuatro directores santafesinos alrededor de una mesa con abundante vino.


P.:
¿Cómo eligió a los entrevistados?

R.D.: Intenté cubrir cuatro generaciones, desde Martínez Suárez a Di Salvo, llegando hasta Ana Katz, Sergio Bellotti (dicho sea de paso, me gustó mucho «La vida por Perón») y Horacio Almada, al que vemos en un rodaje bien independiente, que recién ahora logró terminar. David J. Kohon ya estaba muy enfermo, pero le gustó charlar, estuvo animoso, y por suerte después alcanzó a ver la película. Otro muy animoso fue Jorge Polaco, lástima que el sonido no anduvo bien y pudimos usar poco de su entrevista.


P.:
¿Alguno se negó?

R.D.: Nadie, pero algunos (por ejemplo, Héctor Olivera, Pablo Trapero, J.C. Campanella) justo estaban rodando. Y con Leonardo Favio, no diría que se negó, pero nunca pudimos pasar de la secretaria.


P.:
¿Todos le parecieron sinceros?

R.D.: Soy del oficio, y lo que me contaban siempre me pareció cercano a lo que ya conozco. Yo los vi auténticos. Claro, desde afuera uno puede pensar «éste me está contando una película».


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Por ejemplo, algunas anécdotas sobre de la censura.

R.D.: Pero son ciertas.Y no está mal recordar cuando era todavía más difícil que ahora hacer una película. Hoy existe casi total independencia artística. Ni siquiera el productor te censura. Cuanto mucho, te impone plazos de trabajo, para que no excedas el presupuesto.


P.:
Entre nosotros: ¿alguno reconoció sus errores?

R.D.: Interesante pregunta. Reconocieron dudas, miedos, se mostraron como laburantes, por ejemplo Adrián Caetano y Daniel Burman, nunca como genios. Eso es bueno.Yo agradezco cuando Lucrecia Martel elogia el westernspaghetti y cita especialmente a «Keoma», algo que nadie hubiera pensado.


P.:
Usted también es un laburante. Se hizo todo el escalafón, desde pizarrero hasta asistente de dirección y director.

R.D.: Empecé en los Estudios Baires, ya decadentes pero hermosos, con su olor a humedad. Y aprendí con los tres Enrique, es decir Cahen Salaberry, un divino de la guardia vieja, Carreras, muy querido por todos, y Dawi, que era medio cabrero. Películas de Alberto Olmedo, Susana Giménez, Carlitos Balá. A veces era terrible y divertido a la vez, porque uno vivía el ridículo desde adentro. Y antes de descerebrarme del todo seguí con Alejandro Doria («Darse cuenta»), Eddie Calcagno, Edmund Valladares, artista plástico de particular mirada, Miguel Pereira, con quien llegué a asistente de dirección, cargo que a veces sigo ocupando, y otros.


P.:
Por lo común, quien llegó a director no quiere ser más asistente.

R.D.: Pero a mí me gusta seguir aprendiendo. Igual, pronto haré una comedia, un poco ácida pero comedia al fin, «Terapias alternativas». No será fácil, pero creo que el país da para ese tipo de comedias. Es una constante farsa, el país.Ah, no se pierda la crítica de cierta revista de cine sobre mi película. Comenta todo, menos la parte en que justo sus directores preferidos relativizan el valor de la crítica.


Entrevista de Paraná Sendrós

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