11 de marzo 2026 - 09:09

Con "El cazador y el buen nazi" en La Plaza, Jean Pierre Noher y Ernesto Claudio inauguran su quinta temporada

“El cazador y el buen nazi” abre su quinta temporada con una función el martes próximo a las 20 en el Paseo La Plaza, en el marco del ciclo de Teatro, Humor y Música judía que se extiende hasta fin de abril. Con actuaciones de Jean Pierre Noher y Ernesto Claudio.

El cazador y el buen nazi se presenta el martes próximo a las 20 en el ciclo de Teatro, Humor y Música Judía en el Paseo La Plaza. 

"El cazador y el buen nazi" se presenta el martes próximo a las 20 en el ciclo de Teatro, Humor y Música Judía en el Paseo La Plaza. 

Mario Diament, periodista que entrevistó al cazador de nazis Simón Wiesenthal y que tras semejante encuentro quiso poner la historia sobre un escenario, “El cazador y el buen nazi” abre su quinta temporada con una función el martes próximo a las 20 en el Paseo La Plaza, en el marco del ciclo de Teatro, Humor y Música judía que se extiende hasta fin de abril.

El encuentro real ocurrido en 1975 es dramatizado por Diament: una conversación entre Wiesenthal y Albert Speer, ex arquitecto y ministro de armamentos de Hitler. Fue llamado “buen nazi”, si es que algo así existe, puesto que tras salir de la cárcel donde estuvo preso durante 20 años, se dedicó a ayudar a la comunidad judía, acaso intentando reparar tanto mal. El debate con Wiesenthal, quien llevó más de mil nazis a la justicia, resulta duelo verbal y actoral que deja al espectador como en un abismo ante esa situación límite. Con dirección de Daniel Marcove, la obra ganó el Premio ACE 2023 a Mejor Espectáculo y el Premio ACE 2022/2023 a Mejor Obra de Teatro Alternativo. Conversamos con los actores.

Periodista: Es el quinto año que presentan esta obra, ¿qué balance hacen de este recorrido que cuenta con funciones en el alternativo, pasó por el Metropolitan y ahora La Plaza, para luego volver al independiente?

Jean Pierre Noher: Pasamos por todos los circuitos, Mar del Plata, dos funciones exitosas en Chile, Uruguay, pero falta mucho todavía. Cuidamos mucho la obra, ensayamos para eso, nos gusta mucho estar juntos sobre el escenario, somos hermanos por elección que nos conocimos en el taller de Alezzo. Son dos personajes antagónicos, hay momentos de humor e ironía, es un columbo que envuelve al público y finalmente como una daga va al quid de la cuestión. Inclusive hay referencia a la Argentina que albergó muchos nazis, todo investigado por Mario Diament, quien fue periodista de Revista Gente y entrevistó a Wiesenthal. De ahí surgió su idea de poner en el escenario ese encuentro tan particular que ocurrió en la realidad.

Ernesto Claudio: Llegar al quinto año nos pone felices, no sólo estuvimos en esos grandes teatros sino que volvemos al Tinglado a la tarde, porque tengo “Toc Toc” a la noche. Rottemberg me da permiso para ser reemplazado en “Toc Toc” cuando lo necesitamos ya que le encantó la obra.

P.: La obra de Diament derriba el mito del buen nazi y es en un gran texto de la dramaturgia nacional, ¿qué pueden reflexionar sobre el debate de ideas que trae la obra?

J.P.N.: Junta a una víctima y un victimario. El primero, Wiesenthal, se dedicó a perseguir criminales nazis y llevó a más de 1000 a la justicia, y el segundo que se salvó de la pena capital valiendose de su inteligencia y ocultando secretos, aunque luego estuvo 20 años preso. El encuentro real ocurrido en 1975 es de una potencia enorme y ese debate aparece en la obra.

E.C.: Hoy día resulta casi imposible que haya debate de ideas reales, que uno pueda escuchar al otro y viceversa, llegar a cierta comunión entre diferentes ideas. Es un tema muy espinoso como el Holocausto pero escuchar a las partes reflexionar es intentar que estemos más en paz entre todos.

P.: La actuación es de lo más potente y destacado, ¿cómo trabajan para seguir manteniéndola viva y dotando de verdad a estos personajes?

J.P.N.: Nos dedicamos hace casi 50 años a esto, es nuestro metier, se trata de mantener vivo el texto, el encuentro, para eso hay que estar presente y concentrado. No hay una función igual a la otra pese a decir el texto exactamente igual.

E.C.: Cuando no la hacemos repasamos la letra cada 20 días, hacemos una pasada rápida con movimientos, y la verdad de los personajes aparece con todo nuestro profesionalismo. El teatro es un arte de conexión, entonces, trabajar con alguien que adoro suma al entendimiento. El personaje hace en virtud de lo que el otro hace, nos llevamos bien sobre el escenario y siempre está vivo.

P.: Se dijo de la obra que es una lección moral indispensable, donde las conclusiones quedan a cargo del espectador, ¿en qué sentido esta lección moral y qué devoluciones del público podrían destacar?

J.P.N.: La obra es polémica y genera emoción, a veces cuento mi propia historia familiar. No pude conocer a mis abuelos paternos porque los asesinaron en Auschwitz y mi papá huyó disfrazado de monaguillo de un campo de concentración. Cuento por qué acepté hacer este rol y que el director no lo sabía, siento que la tengo que hacer siempre como una obra necesaria. Mucha gente no entiende el termino buen nazi, asi lo llamaron a Speer ya que luego de ser liberado empezó a colaborar con la comunidad judía.

E.C.: En general el público sale pensando que puede haber diálogo entre personas antagonistas, eso es un logro.

P.: ¿Qué vigencia encuentran en este debate que encierra el horror del nazismo? ¿Cómo se resignifican hoy esos textos sobre persecuciones, facismo y odio hacia el diferente, en un contexto de país como el nuestro y en cuanto a la Guerra en Medio Oriente?

J.P.N.: La obra tiene vigencia por la escalada de antisemitismo en el mundo y es muy importante seguir contando la historia del Holocausto. En este contexto se hace todavía más necesario diferenciar judaísmo, sionismo, estado de Israel, gobierno israelí, etc. Es polémico y está vigente. Es bueno poner esta posibilidad de diálogo imposible, sin embargo tienen un diálogo posible, eso enseña Wiesenthal, que no se puede enmendar un crimen cometiendo el mismo crimen.

E.C.: Hay una ola de antisemitismo muy grande y persecusiones grandes al diferente, hay guerra. Entiendo los intereses económicos pero ningún interés vale la vida de un hombre, eso es lo que queremos dejar pensando. No está bien pagar con la misma moneda a esos que estamos persiguiendo, ahí radica el sentido de este precioso diálogo. Es logico que al buen nazi lo odien, me gusta que me odien porque implica que lo hago bien. Nunca me emocioné tanto en una obra como en esta, la hicimos en la AMIA y hacerla ahí fue muy importante y conmovedor.

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