“Conejos blancos” viaja al otro lado del espejo

Espectáculos

El grupo Mondongo, integrado por Juliana Laffitte y Manuel Mendanha, inauguró una muestra cuyo inicio recuerda el de la Alicia de Lewis Carroll.

El grupo Mondongo, integrado por Juliana Laffitte y Manuel Mendanha, acaba de inaugurar la muestra “Conejos blancos” en la galería Barro de La Boca, un punto estratégico en el camino que esta semana recorre hacia arteBA la gente del arte. “El nombre de la muestra tal vez sea tan solo una expresión de deseo: la posibilidad de encontrar múltiples puntos de partida para transitar mundos inesperados, sorprendentes, mágicos”, observa Juliana Laffitte. A partir de allí las asociaciones con aspectos de la historia del arte y la realidad cotidiana que, sin dudas, están presentes, se convierten en una marea de conjeturas. Al igual que el conejo y “Alicia en el país de las maravillas” que, en el comienzo del cuento de Lewis Carroll caen dentro de una madriguera, el espectador accede a la exposición a través de un túnel extenso y obscuro. “Cada cual tendrá derecho a su propio rectángulo”, es el triste título de la instalación. Allí mismo, a la altura de la mirada del espectador, hay 60 pequeñas pinturas perfectamente alineadas que muestran unos ojos que lo observan con especial intensidad y parecen contar una historia.

Más adelanté, en la gran sala de Barro el recorrido se inicia con un altorrelieve realizado en plastilina, “La Cruz”, un tondo con un paisaje de Florencia. En primer plano, la cruz sobre un torso decapitado podría referirse a la emergencia sanitaria que se vivió en Italia o tal vez, como sostiene Mariano Llinás, representa a Donatello, “con su cabeza convertida en una cruz”. Frente a esta obra, hay una mujer enjaulada y junto a ella se encuentra la reproducción de “El origen del mundo” de Courbet, la pintura de un sexo femenino en primer plano, acaso la más erótica de la historia del arte. Y con esta imagen se abre un capítulo dedicado a la mujer.

La escritora estadounidense Ariana Reines encuentra la modulación perfecta para sintonizar con exactitud el sentimiento que suscita la “Piedad invertida”, la imagen de una hija que sostiene a su madre entre sus brazos. Los versos de Reines transportan a la contemporaneidad la escena renacentista, y le agregan dramatismo: “Un presentimiento o recuerdo de cosas/ Que aquí pasaron antes de que pusiera un pie/ En este lugar. Las cosas que le hicieron a ella/ Las cosas que le hicieron a otras mujeres/ Lo que fuera que ella convirtiera en sonrisas/ Atravesó el abismo/ De aquello que cada vez más y más aún/ Le era imposible decir/ Nada con lo que buscara armar un gran escándalo, solo un pequeño/ Agitarse del recuerdo…” La “Piedad invertida” está resguardada dentro de un retablo de madera que mide casi cuatro metros desplegado y ostenta toda su superficie pintada. Si bien los artistas dicen que trabajaron en la muestra durante cuatro meses, el retablo está fechado entre 2017 y 2021. “¿Por qué una artista virtuosa y profundamente realizada como Juliana Laffitte se retrataría a sí misma melancólica, afligida, exhausta?”, se pregunta Reines. Los artistas de Mondongo aclaran que ellos y su hija suelen ocupar el papel de modelos y agregan que no se sienten protagonistas.

Al final de la muestra se encuentra el “Baptisterio de los colores”, un dodecaedro de más de seis metros de diámetro construido con hierro, madera, espejos y 3.276 bloques de distintos colores de plastilina prolijamente ordenados en el interior. Cada bloque lleva grabado en su superficie el nomenclador con la fórmula del color. Los visitantes deben pisar el suelo espejado para percibir que los miles de bloques se reproducen al infinito por efecto del techo también espejado. La obra es un homenaje a la belleza arquitectónica del Baptisterio de San Giovanni de Florencia y, sobre todo, a la plastilina, material que, amasado como arcilla, determina nuevas posibilidades escultóricas y acentúa la seducción del color y la forma. Las cualidades son muchas pero la diversidad de procedimientos es compleja: al calentarla es posible utilizarla como si fuera óleo en las pinturas. De este modo, el elaborado trabajo manual con la plastilina inaugura nuevos modelos de pensamiento visual, un linaje exclusivo de Mondongo que comenzó a experimentar con este material en el año 2002.

El Baptisterio encontró pronto su destino. Al final de la muestra el coleccionista Andrés Buhar instalará la obra en ARTHAUS Central, un espacio destinado a la exhibición y el apoyo a las artes que se inauguró el martes pasado con la presentación de convocatorias y becas en pleno microcentro porteño, en el notable edificio ubicado en Bartolomé Mitre 434.

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