25 de agosto 2008 - 00:00
Crónica de dos derrumbes: las Torres y una pareja
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Alejandro Maci:
«El World
Trade Center
es un telón de
fondo: lo que
interesa es ver
cómo esta
tragedia se
cuela en la
vida de una
pareja en
crisis».
P.: Por ser una obra ajena al puritanismo del siglo pasado, sorprende el dilema existencial del hombre que prefiere darse por muerto y fugarse antes que enfrentar la realidad y separarse. ¿Cómo lo interpreta usted?
A.M.: Esta es otra cuestión sobre la que autor trabaja mucho, los prejuicios burgueses. Ellos parecen decir «aprovechemos la hecatombe para lo que no nos animamos».
P.: Las Torres no son más que un pretexto dramático entonces...
A.M.: Así es. Son la excusa para dirimir el vínculo y eso es lo que la vuelve universal.
Estos amantes están en un punto de inflexión en el que deben, o bien dar un gran paso, o bien terminar. Este es el eje y no la ilustración del atentado. Lo pasional aparece en una pareja que se lleva 20 años de diferencia y necesitan elegirse y decidirse, o separarse. No parece haber lugar para continuar con la infidelidad. O crecen o se separan.
P.: ¿Qué otro eje de conflictoaparece, además del habitual sobre la burguesía hipócrita?
A.M.: El de las relaciones de poder, porque ella es su jefa y él su subordinado. Pero todo cambia en la relación de poder que se construye en lo sexual, donde él es quien parece detentar el poder que ella acepta pues también logra sublimar su deseo: posee al hombre joven. Este vínculo se construye como si fuera un intercambio de mercancías, aunque es evidente que así es como prefirieron tomarlo para no herirse. Una vez más, el engaño como recurso que determina a sus equilibradas y negadoras vidas burguesas.
P.: ¿Cómo avanzan los acontecimientos? Hábleme de la puesta.
A.M.: El relato se ubica como espiando por el ojo de una cerradura. Es una obra de una sola escena, la de esa pasión, que es vertiginosa, a toda velocidad, es muy violenta sexualmente y transcurre toda en el recinto de ella. Vemos la anatomía de la pasión, y creo que esa cuestión radical es lo que vuelve magnético al relato de LaBute.
P.: ¿Cómo está marcada desde el punto de vista de la cronología?
A.M.: La obra comienza el día después del atentado al World Trade Center, es decir, al amanecer de esa noche trágica. Al principio puede haber horror pero no sorpresa, porque la obra empieza justamente cuando la sorpresa ha pasado. Por eso, lo que más interesa es la filtración en un dormitorio de esta cuestión.
Entrevista de Carolina Liponetzky




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