25 de agosto 2008 - 00:00

Crónica de dos derrumbes: las Torres y una pareja

Alejandro Maci:«El WorldTrade Centeres un telón defondo: lo queinteresa es vercómo estatragedia secuela en lavida de unapareja encrisis».
Alejandro Maci: «El World Trade Center es un telón de fondo: lo que interesa es ver cómo esta tragedia se cuela en la vida de una pareja en crisis».
"Hay una pareja que no puede decidir si continúa o no, y es el mundo el que decide por ellos: lo que se libra como batalla sociopolítica también es una batalla pasional" reflexiona el director Alejandro Maci a propósito de la nueva obra de Neil LaBute («Gorda»), que se estrena el jueves 4 de septiembre, sobre una pareja de amantes con 20 años de diferencia; ella la jefa y él su empleado, que dirimen su futuro el 12 de septiembre de 2001, la madrugada posterior de los ataques terroristas en Estados Unidos.

«Una cierta piedad», en versión de Fernando Masllorens y Federico González Del Pino, está protagonizada por Selva Alemán y Juan Gil Navarro, cuyo personaje trabaja en el World Trade Center. Durante el atentado a las Torres Gemelas, el hombre se encontraba lejos de su oficina, junto a su amante. Luego de sobrevivir, discuten si él se dará por muerto para fugar con la amante, o si romperán la relación extramatrimonial, ya que no parece haber lugar para que él enfrente a su mujer y la abandone. Dialogamos con Maci.

Periodista.: ¿Qué fue lo que mas lo atrapó de una obra con el tema de las Torres Gemelas de fondo?

Alejandro Maci: El elemento clave es la metabolización pasional de un episodio social como es el de un atentado, es decir, de qué modo el avión se estrella contra un vínculo y de qué modo también el apremio de la calle irrumpe en una relación amorosa. Este es un aspecto clave porque reubica la brújula de los afectos.

P.: ¿Qué rasgos característicos destacaría del autor de «Gorda» en esta nueva obra?

A.M.: El humor y la arbitrariedad aparecen en su máxima expresión; luego lo personalísimo de sus diálogos, totalmente espasmódicos, y también su modo pendular. Se da un paso y se retrocede, se quiebra el diálogo, se salta y se vuelve con la misma conversación tiempo después pero en otro contexto, lo cual resignifica las cosas.

P.: Por ser una obra ajena al puritanismo del siglo pasado, sorprende el dilema existencial del hombre que prefiere darse por muerto y fugarse antes que enfrentar la realidad y separarse. ¿Cómo lo interpreta usted?

A.M.: Esta es otra cuestión sobre la que autor trabaja mucho, los prejuicios burgueses. Ellos parecen decir «aprovechemos la hecatombe para lo que no nos animamos».

P.: Las Torres no son más que un pretexto dramático entonces...

A.M.: Así es. Son la excusa para dirimir el vínculo y eso es lo que la vuelve universal.
Estos amantes están en un punto de inflexión en el que deben, o bien dar un gran paso, o bien terminar. Este es el eje y no la ilustración del atentado. Lo pasional aparece en una pareja que se lleva 20 años de diferencia y necesitan elegirse y decidirse, o separarse. No parece haber lugar para continuar con la infidelidad. O crecen o se separan.

P.: ¿Qué otro eje de conflictoaparece, además del habitual sobre la burguesía hipócrita?

A.M.: El de las relaciones de poder, porque ella es su jefa y él su subordinado. Pero todo cambia en la relación de poder que se construye en lo sexual, donde él es quien parece detentar el poder que ella acepta pues también logra sublimar su deseo: posee al hombre joven. Este vínculo se construye como si fuera un intercambio de mercancías, aunque es evidente que así es como prefirieron tomarlo para no herirse. Una vez más, el engaño como recurso que determina a sus equilibradas y negadoras vidas burguesas.

P.: ¿Cómo avanzan los acontecimientos? Hábleme de la puesta.

A.M.: El relato se ubica como espiando por el ojo de una cerradura. Es una obra de una sola escena, la de esa pasión, que es vertiginosa, a toda velocidad, es muy violenta sexualmente y transcurre toda en el recinto de ella. Vemos la anatomía de la pasión, y creo que esa cuestión radical es lo que vuelve magnético al relato de LaBute.

P.: ¿Cómo está marcada desde el punto de vista de la cronología?

A.M.: La obra comienza el día después del atentado al World Trade Center, es decir, al amanecer de esa noche trágica. Al principio puede haber horror pero no sorpresa, porque la obra empieza justamente cuando la sorpresa ha pasado. Por eso, lo que más interesa es la filtración en un dormitorio de esta cuestión. 

Entrevista de Carolina Liponetzky

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