«Me extraña mucho que un ex directivo de este teatro crea que me está denunciando a mí sin darse cuenta de que se está autodenunciando» dijo ayer enfáticamente a este diario Pablo Batalla, director general adjunto del Teatro Colón. Batalla se refiere a Martín Pourrain, ex director administrativo de esa sala, quien el pasado 9 de agosto radicó una denuncia contra Batalla en el juzgado 16 del doctor Marco Aurelio Layús, y la investigación quedó a cargo de la Fiscalía 22 del doctor Eduardo Cubría. Pourrain, que ayer ratificó su denuncia, indica allí, entre otras cosas, que la actual gestión redujo 20% los contratos ya cumplidos en las temporadas 2000 y 2001 por cantantes nacionales (en algunos párrafos emplea la expresión «intimidaciones»), que esos honorarios sólo habrían sido percibidos por los artistas que se avinieron a la quita, y que se dispusieron nuevas contrataciones « que representan una suma equivalente a la deuda que el Colón mantiene con aquellos a quienes no se les paga». Da como ejemplo de los nuevos contratos el caso de Guillermo Elazar, quien « resultaría socio del director Batalla en emprendimientos privados, como la discoteca Follia», para cumplir en el Colón un cargo «como el de jefe de gabinete que no existe». «El ex director administrativo del Colón realizó durante el año 2001 contrataciones sin respaldo presupuestario por más de 5 millones de pesos. Este tipo de conductas administrativas es lo que ha generado los permanentes conflictos en el Colón. El fisco fue comprometido y la tarea de sanear correspondió a la actual administración», sostuvo.
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Según Batalla, el tesoro municipal, para paliar ese déficit, giró extraordinariamente 1,8 millones adicionales al Colón. «Con ese dinero», dice, «empezamos a saldar las deudas según un orden de prioridad: primero, quienes cobran menos de 1000 pesos, segundo, con quienes no tienen relación contractual con el teatro, y tercero con quienes acordaron voluntariamente esa rebaja de 20%, como fue el caso de los cantantes Renaud y Garay, quienes se sorprendieron de que ahora alguien se alegue una representación legal que nunca solicitaron». Batalla dijo, además, que durante esta temporada se produjeron «88 bajas en los contratos de asesores y otros cargos que había contratado el ex director, con un ahorro para el fisco de $1.100.000». Y, tras negar que tenga sociedad con Elazar en la discoteca mencionada («aunque es un lugar muy agradable para ir, creo que no tiene nada de malo, como tampoco lo tendría si yo realmente tuviera acciones»), agregó que Elazar fue el único colaborador que incorporó al teatro «contra los 88 de la gestión anterior». «Además, el doctor Elazar no es un recién llegado en esta sala.Ya fue administrador del Colón en el año 1998», completó.
Con respecto a otro de los puntos de la denuncia, el pedido de investigación sobre la venta de entradas cedida a la empresa «Ticketet», Batalla dijo: «Primero, equivoca el nombre de la empresa. Es Megaticket. Y segundo, no hubo tercerización. Esta empresa, para las funciones de «El lago de los cisnes», alquiló la sala, del mismo modo que lo hicieron otros organismos o empresas como la UBA, o la Cámara Española, o Petrobrás. Megaticket hizo un contrato de alquiler con el Colón como lo hacen otros, y nos pagó 52.000 pesos con publicidad. Cuando le pedimos usar esa publicidad para «Lago», nos solicitó a cambio la compra de entradas en bloque a valor de taquilla. ¿Qué significó esto? Que antes se recaudaba $3500 por función de ballet, y con «Lago» se recaudaron $18.500. Un notable beneficio para el fisco».
Al término del diálogo con este diario, Batalla agregó otros datos: «En el período marzo/julio del año pasado, se vendieron 164 mil entradas, mientras que este año ya ingresaron 196.000. El 2002, además, va a ser el primero en 12 años en que el Teatro Colón no deberá solicitar refuerzos de fondos para cumplir las obligaciones artísticas».
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