31 de julio 2003 - 00:00

Cuando la pantalla ocultaba el horror

Marlene Dietrich
Marlene Dietrich
L as mujeres festivas que mostraba el cine de la era nazi sucederán desde mañana a la idealista María de «Metrópolis» y la vengativa Krimilda de «Los Nibelungos» en el ciclo que con singular éxito se esta desarrollando en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín. Dialogamos, sobre esta retrospectiva que se complementa con una exposición de afiches históricos de los más importantes estudios del período, la UFA alemana, en el hall del San Martín, con la pelirroja Eva Orbanz, curadora del Museo de la Cinemateca Berlinesa.

Periodista
: ¿Como se recuerda hoy a Marlene Dietrich y Zarah Leander, las grandes figuras antagónicas de esa época?

Eva Orbanz: Sobre Marlene después le cuento unas discusiones que tuvimos con gente de otro Museo, a causa de una donación. En cuanto a Zarah Leander, pienso que al grueso del público actual no le interesa, pero en cambio hay una gran comunidad que la ama y la adora.


P.:
Una comunidad constituida por...

E.O.: Ya, quiere que confirme sus sospechas. Sí, los homosexuales. Los gays alemanes la veneran. Les gusta su voz de hombre, sus tonadas tristes, la figura alta, la espalda. Los nazis la usaron mucho. Como era sueca, le decían «la Garbo que canta». Su papel en el cine fue muy conservador, pero ella encarnaba alguien a quien creerle. Aun hoy, sus letras parecen tener un doble mensaje, son profundas, nada frívolas, sobre la depresión, la esperanza, el optimismo necesario para sobrevivir, bastante distinto del optimismo oficialista.


•Comedia

P.: Otro tipo de optimismo es el de la comedia «El trío de la estación de servicio».

E.O.: El gran éxito de los '30, porque muestra gente que se ríe de sus desgracias, y sale a flote, justo cuando la desocupación rondaba 50% de la mano de obra alemana. Un claro ejemplo de la empresa UFA como fabrica de sueños, y también, todavía hoy, una diversión musical muy fresca, agradable, igual que «El congreso baila», otro clásico que también tenemos en el ciclo. La estrella de ambas comedias es Lilian Harvey, la más «americanizada» de aquel tiempo (en realidad era una inglesa naturalizada alemana), la gran figura de las operetas, siempre cantando y saltando, muy divertida. Todos cantaban sus canciones por la calle. Tras esas películas, que fueron sendos éxitos mundiales, ella filmó en Hollywood, Inglaterra, Italia, con Laurence Olivier, Charles Boyer,Vittorio de Sica, y volvió a Alemania, donde siguió actuando hasta 1940.

P.: ¿Y después?

E.O.: Se retiró a los 33 años y murió en 1968 en Antibes. Su partenaire habitual, Willy Fritsch (hacían la pareja perfecta), siguió haciendo héroes y galanes a lo largo de la guerra, y también después, sin mayor problema. En realidad, casi todos los artistas que trabajaron bajo el nazismo siguieron después como si tal cosa, incluso Zarah Leander, que volvió a sus shows en locales nocturnos. Lo mismo, la «ingenua» Ilse Werner y Carl Raddatz, la pareja de «Concierto a pedido», una obra de propaganda que incluimos como ejemplo de la decadencia de la Ufa. Y el pequeño Heinz Ruhmann...


P.:
¿El que aparece, ya viejito, como un personaje borgiano en «Las alas del deseo»?

E.O.: Ese, de joven, se codeaba con lo alto. ¡Los jerarcas nazis se peleaban para salir con el en las fotos! El era el pequeño burgués que siempre hacia lo correcto, y pedía a todos que hicieran lo correcto. El hombre promedio, «el hombrecito». Su propia vida, también fue siempre muy correcta. Nunca se le conoció una borrachera, una novia extraoficial, nada sucio.

P.: Caramba, en las películas luce algo mas divertido.

E.O.: ¡Si! Y el público lo amaba, y siguió trabajando hasta los 80 años. Su imagen se mantuvo aun tras la caída del nazismo. En suma, y aunque me duela: quienes siguieron es como que vivían en una fabrica de sueños, mientras que Marlene Dietrich tomo una decisión política, y por eso a ella el publico alemán la juzgó y la condenó, porque sintió que ella en Norteamérica había hablado mal de Alemania, que había abandonado su país, mientras que a los otros, que se quedaron con el régimen, nadie les recriminó nada.

P.: ¿No sera, precisamente, porque ayudaron a soñar?

E.O.: No creo. Habia que tomar posición. No es necesario recordar que en «El trío...» también aparecen los Comedian Harmonist. La mitad de ellos eran judíos, ya sabe usted lo que pasó.


P.:
Antes de seguir con lo que Alemania llama «la generación de los culpables», pasemos a la regeneración de las películas. Es usted la presidenta de la Federación Internacional de Archivos de Films. ¿Que planes tiene?

E.O.: Que haya cada vez más archivos, que los gobiernos los reconozcan y ayuden, que impulsemos desarrollos regionales...


P.:
Entre nosotros, ¿como ve a los archivos argentinos de cine?

E.O.: Escasos, comparativamente chicos, y encima no se hablan entre ellos. En Alemania hay como diez archivos, y tampoco nos hablábamos. Pero el gobierno nos obligó, nos dijo «si se juntan les damos plata para un catálogo centralizado», y así empezó el trabajo conjunto. Terminemos con esa mentalidad de coto cerrado. Lo que no significa que ya sea todo paz y armonía. ¡Esa donación de manuscritos de Marlene que se ligó la Cinemateca de Frankfurt era para nosotros!

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