Diana Theocharidis: "Esto no es el diario de una cuarentena"

Espectáculos

Desde mañana se podrá ver "En un mismo cielo", rodado en las viviendas de cada bailarín.

“Los ensayos y rodajes se hicieron a la distancia, a través de zoom y filmados con los 27 celulares de los bailarines. Fuimos a cada casa y las recorrimos vía celular para elegir. Todo con luz natural. Los planos fueron pedidos, estudiados y corregidos. Algunas tomas se hicieron 20 veces”, dice a este diario Diana Theocharidis, creadora de “En un mismo cielo”, film corto interpretado por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín durante la cuarentena que debuta mañana en el streaming de Cultura en casa. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Cómo surgió la idea de este film?

Diana Theocharidis: Ante todo, no es un diario de cuarentena. La idea es mostrar la diversidad, los diferentes mundos de las personas -en este caso los bailarines del Ballet del Teatro San Martín-, tomando al confinamiento no como tema, sino como material. Es evidente que en la creación de una obra, hoy, se hacen presentes las limitaciones y los condicionamientos de la pandemia, pero pensé que había que trascender eso para hablar de otra cosa, utilizando esos materiales: la casa como espacio escénico, los espacios comunes de los edificios, la luz natural, la relación con lo abierto, y distintas temáticas propias de cada personaje. La obra busca contener de forma fragmentaria, la diversidad de mundos que coexisten bajo un mismo cielo, distantes entre sí y sin embargo, conectados de alguna manera. Como si una misma corriente los atravesara.

P.: ¿Qué tópicos buscaron abordar desde la danza?

D.T.: Trabajé con una frase de movimiento que les transmití por video, pero el trabajo se desarrolló en ensayos con cada uno de los 27 bailarines , para lograr escenas que tuvieran una relación dramática con cada intérprete, con la posibilidad de “construir” un espacio a través de la luz, la arquitectura de las casas y las emociones que se generaron en los ensayos. Luego, trabajamos en edición con Diego Poblete y con la asistencia de dirección de Elisabeth Rodríguez.

P.: La luz natural parece ser uno de los ejes de la obra.

D.T.: Lo es. Les pedimos a todos que hicieran un dúo con la luz y con las sombras. Eso lo probamos en ensayos llevándolos hacia las ventanas, pasillos, terrazas.

P.: ¿Cómo se las arreglaron para bailar en espacios tan acotados?

D.T: En esta obra no importaba si el espacio era grande o chico. Una de las bailarinas bailó arriba de la cama, otra sobre una mesa, otra detrás de una cortina, otros en los pasillos comunes del edificio o contra la puerta del ascensor. Construir el espacio dramático no tiene que ver con las medidas, sino con una poética. Fue una tarea que pudimos hacer, recorriendo los lugares, conversando e imaginando.

P.: ¿Cómo recibe el público a artistas haciendo desde sus casas? Nos recuerda a cada minuto que estamos confinados, ¿qué opina?

D.T.: Hay obras que se crearon en campos de concentración, como por ejemplo el “Cuarteto para el Fin del Tiempo” de Olivier Messiaen, con papel y lápices casi inexistentes y músicos que estaban prisioneros. Y aún así, la obra habla por sí misma y trasciende las circunstancias, guardando su impronta.

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