5 de agosto 1999 - 00:00

"CUATRO DIAS DE SETIEMBRE"

E l éxito de «Estación de Brasil» permitió que este año se conocieran las anteriores candidatas brasileñas al Oscar: ¡tres en cuatro años!, y todas atractivas, con sentimientos a flor de piel. Cada una muestra, sin embargo, un país distinto, y a su vez cada una se integra en un solo relato. El mismo va desde la casi satisfecha burguesía riograndense de hace un siglo («O quatrilho», comedia de felices transgresiones conyugales), a la agitación carioca de la pequeña burguesía en los '60 (estos «Cuatro días de setiembre») y la reconciliadora peregrinación nordestina de los marginados actuales («Estación de Brasil»).

 Pasado

Habrá, sin dudas, algunas piezas intermedias. La que ahora vemos refresca tiempos más o menos recientes, cuando unos militantes estudiantiles, queriendo quebrar la censura del régimen, y rescatar a sus compañeros presos, secuestraron al embajador norteamericano. Nadie en el mundo había secuestrado a un embajador norteamericano. Mucho menos, estos amateurs de la política.
Ingenuos peligrosos, como lo prueba la escena del asalto a un banco, en el cual hablan mucho pero no saben proteger a un compañero, ellos tienen, hasta cierto punto, la suerte del aficionado. También la película es ingenua, al sintetizar en unos pocos personajes y momentos, y en ciertos diálogos, lo que en la realidad fue mucho más complejo. Según referencias, también quedaron afuera varias observaciones y reflexiones de Fernando Gabeira, uno de dichos militantes, en cuyo reciente libro se basa la película.
El director
Bruno Barreto («Doña Flor y sus dos maridos») luce el debido ritmo, un sentido del humor a veces sutil (el marino torturador que se define como «submarinista»), habilidad para pintar una época e incorporar detalles humanos (precisamente, una clave está en el título original) y luce, sobre todo, una reflexión bien equilibrada. Su historia puede recordar a «Estado de sitio», pero no se le parece. El tiempo deja cicatrices. Alan Arkin, como el embajador secuestrado, y la veterana Fernanda Montenegro, como una vieja alcahueta, son atractivos aparte.

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