10 de febrero 2000 - 00:00

"CUBE"

C on poco más de 300 mil dólares, un único decorado del tamaño de una habitación y un puñado de actores desconocidos, el director canadiense Vincenzo Natali consiguió hacer una película pequeña, interesante e ingeniosa desde varios puntos de vista distintos. Lo que no consiguió es hacer un producto que termine de convencer al espectador de que está viendo realmente una película comercial, y no un corto de estudiante o una serie de TV estirados a la duración de un largometraje.
En un viejo episodio de la «Dimensión Desconocida» varias personas quedaban atrapadas en un extraño cubículo del que intentaban escapar en vano. En «Cube» la premisa es similar: varios personajes aparecen en un lugar extraño y peligroso. Todos tienen un uniforme al estilo preso, y pronto descubren que algunos de esos cuartos de ese gigantesco cubo donde los han atrapado tienen trampas mortales que los pueden cortar en picadillo o quemarles el cráneo con ácido.
El espectador familiarizado con el cine fantástico y de culto quedará realmente enganchado con la idea. El problema es que las actuaciones -y también el casting-son muy desparejas, con cierta tendencia a la sobreactuación. El exceso de diálogos poco inspirados tampoco ayuda.
El hermético desenlace podría estar bien en un cortometraje, pero luego de una hora y media de proyección es probable que un porcentaje importante de la audiencia necesite un tipo de final más contundente (con todo, esto es muy subjetivo, es probable que a algún sector del público le guste ese toque kafkiano).
 Milagro
Pero aún reconociendo que la película es más rara que lograda, los elementos interesantes de «Cube» hacen que se la pueda recomendar más allá de los reparos. Visualmente es siempre atractiva, y eso es casi un milagro, ya que toda la acción transcurre en ambientes idénticos que apenas cambian de color -y de tipo de trampa cazabobos-al pasar de cubo a cubo. La idea de hacer una película tan compleja utilizando un decorado único (con cambios de iluminación en el mismo lugar para dar la idea de que se pasó a otro decorado) merece destacarse como un brillante concepto de producción. Y los pocos efectos especiales elaborados con el mínimo presupuesto también resultan convincentes.
Este tipo de detalles puede convertir a
«Cube» en una obra destinada a ser redescubierta en video, cable y funciones de trasnoche y otros ámbitos que no le queden tan grandes como la sala de un multiplex.

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