4 de noviembre 1999 - 00:00
"CUENTOS DE OTOÑO "
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El cine de Rohmer es extremadamente dialogado y calmo; es decir, cada vez se parece menos al cine que se hace hoy; no es, definitivamente, un cine para un espectador apurado. Sus películas provocan la misma sensación que se puede tener, en un bar o en otro lugar público, cuando escuchamos una conversación íntima, confesional tal vez, en la mesa vecina. La diferencia es que con Rohmer no hay culpa, ni perderemos el hilo de la historia, ni riesgos de que los personajes adviertan que los estamos escuchando y hablen más bajo o callen.
«Cuentos de otoño» (el plural es sólo de la traducción local) transcurre en el pequeño viñedo que cultiva Magalí en el Mediodía francés. Sus hijos ya están grandes y ella se está quedando sola y mañosa. Isabelle, librera, su mejor amiga, se propone conseguirle un hombre sin que ella lo sepa, y para ello publica un clasificado y se dispone a jugar una comedia: hacerse pasar por Magalí, y en el momento conveniente revelarle la verdad al candidato, para que él -si lo admite-continúe por las suyas la conquista «auténtica».
Esta línea más o menos esquemática del argumento del film no debe malinterpretarse: el placer de este otoño no tiene nada que ver con la comedia sentimental de enredos, aunque sí con los sentimientos; Rohmer es incomparable en su habilidad para tramar hermosas historias con ellos y establecer contrapuntos con lo que les ocurre a otros personajes, como la fábula de Rosine, amiga del hijo de Magalí, que a su vez intenta presentarle a su maduro profesor de filosofía, con quien también ella --Rosine-ha tenido un affaire que no quiere continuar. En el mundo de Rohmer nunca hay grandilocuencias ni gestos trascendentes o fatales; por eso es tan cercano, tan creíble y disfrutable.




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