Hasta el 21 de agosto se exhiben en Galería Zurbarán 22 obras de Pablo Curatella Manes (1891-1962), realizadas entre 1921 y 1953. El catálogo incluye su biografía, fotos de archivo, entre ellas, su taller de la rue Lauriston en París o cuando trabajaba en «El Drama» ( Teatro General San Martín), las fotos de las obras con su correspondiente y comprensivo análisis además de abundante información. Curatella Manes fue una figura importante en la etapa de sus primeras realizaciones-la del cubismo francés-al que adhirió y desarrolló en etapas posteriores. Son notables «El Guitarrista» (1921), «Los Acróbatas», de 1923 (que llegó a la Argentina en 1963, adquirida por la Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires y se encuentra en el Centro Cultural San Martín), «Ninfa Acostada» (1924).
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El artista nació en La Plata, viajó mucho a causa de sus tareas diplomáticas, vivió en Francia durante casi 30 años, frecuentó a Laurens, Lipchitz, Brancusi, Zadkine, Gargallo. Fue un artista radical.
Más adelante abandonará el cubismo para penetrar en la abstracción a través de enjambres y arabescos escultóricos, más ligeros, más aéreos. Entre 1940 y 1945 proyecta una serie de siete variaciones pertenecientes a la «Estructura Madre», de carácter abierto, esquemático, y que recién en 1951 al regresar a la Argentina puede realizarlas en su tamaño y material definitivos, por ejemplo: «Tango», «Pájaro», «Proyección VII», obra de tapa del catálogo. «Evita» (1953), que se exhibe por primera vez, fue un encargo del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto pero siempre permaneció en su taller porque los funcionarios de turno le pedían que fuera más figurativa y el artista se negaba a modificarla.
Figura renovadora y fundamental de la escultura argentina moderna, un artista que participó de la Bienal de Venecia en 1952 y en la de San Pablo en 1953 que realizó sólo una exposición individual en vida en 1957, que figura en el Diccionario de la Escultura Moderna de Hazan como Manes, pero no en el de Herbert Read y cuya obra merece ser «revisitada» y analizada con mirada contemporánea. Cerrito 1522. Hasta el 21 de Agosto. * La obra de DiegoPerrotta (Bs. As., 1973), está en diversas colecciones argentinas y de México, entre otras, y ha obtenido importantes premios en pintura, grabado y dibujo así como becas, y son numerosas sus exposiciones individuales y colectivas. Hasta aquí un sucinto currículum de un artista que se vale de los comics, calaveras, el diablo, la muerte, animales esotéricos en un dibujo obsesivo que cubre toda la superficie del soporte. Usamos la palabra dibujoporque está en la base de todo su quehacer. En general Perrotta divide el plano en cuadrículas las que, a su vez, forman una cruz y es allí donde se urden extrañas historias que sin duda, acentúan ese carácter después de su estada en Oaxaca en 1995. Se hace evidente la influencia de la cultura popular mexicana en una estética de vibrantes colores, una reivindicación del hecho manual.
En su actual muestra, «Ciudad del Milagro» ( Centro Cultural Recoleta), los cuadros grandes aparecen más despojados y el color más atemperado, hay extraños personajes maléficos, mezcla de serpientes y arácnidos, cabeza de perro y diablo que invaden torres, están junto a edificios desolados, amenazantes ciudadelas. En el medio de la sala se destaca una serie de cerámicas de un blanco purísimo, en las que el artista despliega una inventiva erótico-fantástica. En los cuadros de menor tamaño cita a artistas que admira, los que están insertos en un trabajo minucioso, en una pintura texturada a la manera de mostacilla, con textos de su autoría o de la época de la conquista que aparecen borrosos. Todo, bajo una mirada irónica que le quita solemnidad. Clausura el 1 de Agosto.
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