26 de agosto 2005 - 00:00

Dagas que vuelan en suntuosa película

Dagas que vuelan en suntuosa película
La edición en DVD de «La casa de las dagas voladoras» le da una segunda chance a esta suntuosa producción oriental, que no fue muy afortunada en su paso por los cines. El film de ZhangYimou pertenece a ese subgénero más o menos novedoso al que podría denominarse, siguiendo a García Márquez, el taoísmo mágico: guerreros que pelean en el aire, como criaturas aladas, sobre paisajes perfectos; otoños que mutan en inviernos crudos, semillas que rebotan sobre parches de percusión con el ruido del trueno; dagas, cuchillos y cañas con vida propia, muchas veces en tomas subjetivas, obedientes o no a la dirección que se les imprima al ser lanzadas; muertos que reviven, sangre que brota a borbotones. Todo es hermoso y posible, y nadie se pregunta, como en los años en los que Fred Astaire bailaba sobre el techo de «Boda real» ante el asombro del público, cómo se logró tal o cual escena: la digitalización de hoy borra con cualquier tipo de incógnita técnica. La película se ocupa de una oscura historia de política, venganza y pasión, que compromete a una hermosa muchacha ciega (presuntamente la hija del líder depuesto), el hombre que la pretende, y el oficial del gobierno que se interpone entre ambos; pero, en realidad, nadie es quien dice ser, ni lo que aparenta. Aunque aquí nadie use máscaras, podría pensarse en ellas como el medio simbólico más empleado por sus personajes, quienes mientras van revelando su identidad o enterándose de las ajenas, bailan, elongan, se acuchillan, vuelan. La coreografía y el color son dueños absolutos de la película, y la acercan al ballet y las artes marciales, como fue el caso de «El tigre y el dragón» de Ang Lee y «Héroe» del mismo Zhang Yimou.

Marcelo Zapata

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