12 de marzo 2003 - 00:00

De Prada: "La literatura ha sucumbido al mercado"

Juan Manuel de Prada
Juan Manuel de Prada
Juan Manuel de Prada elegido por «The New Yorker» entre los «cinco escritores menores de 35 años más importantes de Europa», ha cosechado grandes premios literarios. El más reciente fue el español «VII Premio Primavera de Novela 2003» por «La vida invisible», y antes había ganado el Premio Planeta de España con su novela «La tempestad».

Apenas se recibió de abogado, a los 24 años, De Prada (Baracaldo, País Vasco, 1970) dejó su profesión y su lugar de nacimiento para radicarse en Madrid y dedicarse por entero a las letras. Con su opera prima, «Coños» (1995), provocó escándalo. Pero al año siguiente dejó de ser considerado «un enfant terrible que busca la polémica para posicionarse», al aparecer «Las máscaras del héroe» (1996), considerada «la mejor novela española de las últimas décadas». Allí retrata la bohemia de principios del siglo XX en Madrid y sus personajes son, entre otros: Borges, Huidobro, Valle-Inclán y Gómez de la Serna. Con esa novela inició su «Trilogía del fracaso» que completó con «Las esquinas del aire» (2000) y «Desgarrados y excéntricos» (2001). A punto de partir de Madrid a Berlín, para participar de un congreso de hispanistas, dialogamos telefónicamente con De Prada.

Periodista:
¿Se dedica a cosechar grandes premios?

Juan Manuel de Prada: Hace seis años que gané el Planeta y llovió mucho desde entonces. Es la tópica hablar mal de los premios, que no les gustan a quien no los gana. Hay quienes no tienen necesidad de ellos y se pueden permitir el lujo de desprestigiarlos, pero en verdad los premios se prestigian o desprestigian por las obras que premian. Este premio ha tenido un nivel literario elevado, lo han ganado con anterioridad escritores que admiro, como Rosa Montero y Antonio Soler.


•Barroco y taciturno

P.: ¿Para qué le sirven los premios?

J.M de P.: No soy un escritor de grandes mayorías sino de los que se catalogan como difíciles, y los premios son mi forma de conectar con el gran público. Si se refiere a los práctico, con los 300 mil dólares del Planeta pude comprarme un departamento, y los 200 mil del Primavera de Novela (la mitad se la lleva el fisco) los usaré para tapar deudas. Mi vida es austera, soy un escritor barroco y taciturno, con esposa y una hija, al que le gusta trabajar en su obra hasta la extenuación. Creo que el escritor debe poner sus brillos en la obra y no en los de una pantalla de televisión con las frases que se esperan que pronuncie.


P.:
¿De qué trata su novela «La vida invisible»?

J.M. de P.: Es una historia de culpa y de redención. El protagonista comete un pequeño desliz erótico, una pequeña debilidad, que cree que va a olvidar, pero no ocurre así y los remordimientos lo van a arrastrar a destruir sus sueños de placidez burguesa. Trata de las cosas que no se ven, que creemos que no dejan huella, que pueden quedar impunes, pero que tarde o temprano terminan aflorando. Es un drama que se establece en la intimidad, un descenso a los infiernos del mundo de los secretos. De allí el titulo de «La vida invisible». Muestra la necesidad de expiar culpas, ese impulso generoso y autopunitorio de redimir a quien le hicimos daño. Al personaje lo mueve en sus remordimientos una especie de fuerza religiosa y no le importa que eso lo lleve a la propia destrucción. Fue trabajoso contar cosas de las que es muy difícil hablar porque sólo ocurren en la mente.


P.:
Usted mencionó como punto de partida una «debilidad erótica», ¿de cuál se trata?

J.M. de P.: Mi personaje viaja de Madrid a Chicago luego de los atentados a las Torres Gemelas. Está a punto de casarse. Pero en EE.UU. tiene una aventura, un flirteo insignificante que alcanza a abortar pero lo deja desgarrado. Quise investigar cómo algo insignificante, una purga del corazón, puede empujar al abismo.


P.:
Por primera vez novela la actualidad, cuenta de los atentados a las Torres Gemelas....

J.M. de P.: No analizo la política internacional, no es mi tema. El viaje del protagonista es posterior a los atentados, pero en Chicago respira una clima de desasosiego, aprensión, incertidumbre y zozobra. Es a partir de ese clima angustioso que se desenvuelve la novela. Busco indagar, entonces, la faz más oscura de la realidad, la locura. Cuento al pasar de John Walker Lindh (aquel norteamericano que se fue a Afganistán, se hizo musulmán y se incorporó a los talibanes) porque lleva a preguntarse, ¿qué impulsa a un hombre a cambiar y convertirse en un persona distinta a pesar de que eso lo lleve a la destrucción?


P.:
¿Vuelve a contar de personajes conocidos, de escritores, como cuando contó de Borges en «Las máscaras del héroe»?

J.M. de P.: Esta es la novela que más me costó escribir porque no tengo soportes culturales como tuve con el mundo de la bohemia de los ultraístas en «Las máscaras del héroe» o un cuadro y Venecia en «La tempestad». En esta novela no hay ningún Borges, ninguna persona conocida. No están los artistas fracasados, pero sí los proscriptos, esa gente que queda al margen porque no coincide con los gustos gregarios, porque como la literatura su saber surge de una insatisfacción. Hay en «La vida invisible» muchos que le cuentan al protagonista sus culpas y cómo buscaron resarcir los daños cometidos.


P.:
¿Quién le gustaría que llevara esta novela al cine?

J.M. de P.: Martín Scorsese, porque es barroco, desmesurado, con ese fondo de catolicismo tortuoso, con esa religiosidad atormentada que tanto tiene que ver con mi obra.


P.:
¿De qué hablará en Berlín, en el «Segundo Congreso de Hispanistas Alemanes»?

J.M. de P.: Me invitaron a leer mi obra y a hablar sobre la situación de la literatura actual en España. Diré que, siguiendo un fenómeno universal, la literatura aquí ha sucumbido al mercado. La venta se ha tornado en criterio de calidad. Se encuentran valores y virtudes en novelas que no tienen nada que ver con lo literario y mucho con lo cinematográfico. Hoy en literatura hay más abundancia que riqueza.

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