Valencia - Con el ambicioso tema «El futuro del arte contemporáneo en el horizonte del siglo XXI», en la quinta edición de los Diálogos Iberoamericanos que se clausuraron la semana pasada en la Comunidad valenciana, no resultó fácil llegar a conclusiones.
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Más allá de la imposibilidad de augurar el porvenir en medio de la peor incertidumbre en el mundo, las ponencias y debates apuntaron en todos los casos a dejar un registro del arte más actual y sus características especiales, que van desde los cambios que provocan las nuevas tecnologías hasta el peculiar comportamiento de los artistas en estos últimos años.
Para comenzar, las producciones que se realizan cada vez más lejos de las instituciones y del sistema que domina el arte, en circuitos marginales. Luego, la comprobación de la proliferación, sobre todo en Brasil y Argentina, de las llamadas «tribus urbanas», los grupos de artistas cuyas obras o performances colectivas no pocas veces rozan el límite del activismo social o político.
La secretaria de Promoción Cultural de Valencia, Consuelo Ciscar, invitó este año al ex presidente del Uruguay, Julio María Sanguinetti, para dirigir los Diálogos. Sanguinetti abrió el debate describiendo el contexto sociopolítico en que se desarrolla el arte latinoamericano contemporáneo; amante de las citas, tuvo un gesto digno de remarcar: para definir la mundialización utilizó los términos del crítico Kevin Power, coordinador de los Diálogos, y para demarcar el territorio, los de su colega paraguayo, Tisio Escobar. Además señaló que «Valencia tiene una presencia y ofrece un espacio para América Latina que no existe ni brindan Madrid ni Catalunya».
Este año, sin embargo, la eterna discusión sobre las singularidades de un arte mestizo y epigonal como el latinoamericano, abrió paso a un análisis más profundo del horizonte territorial que en el siglo XXI continúa lejos de presentarse como un todo homogéneo. «Hay zonas que aún no han completado el siglo XIX y otras que ya están en el XXII» aclaró el crítico chileno Justo Pastor Mellado. Destacó así la falta de infrestructura institucional, de museos, archivos y registros que permitan documentar la historia de nuestro arte para brindarle status universal. Infraestructura que hoy se consolida en los poderosos museos de EE.UU., dedicados al arte latinoamericano como el Getti, el de Austin o Houston, dueños de la mayor cantidad de documentación.
Las coincidencias fueron varias: «Existe una explosión de creatividad, pero en condiciones de precariedad que van desde la ausencia de bibliotecas hasta de cafeterías y aire acondicionado que facilitan el trabajo», agregó la uruguaya Alicia Haber.
En este sentido, la joven crítica de arte argentina Eva Grinstein marcó la necesidad de dejar de lado el discurso de la victimización y la queja. Describió entonces los movimientos de resistencia que los artistas comenzaron a gestar en la década del '90, cuando con presupuestos «modestos» y sin ningún aporte estatal, «decidieron otorgarse a sí mismos lo que nadie les daba». Como el espacio Belleza y Felicidad, la revista «Ramona» y Trama, un programa de confrontación de obra con invitados internacionales.
El curador del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, Fernando Cocchirale, marcó semejanzas y diferencias con el arte argentino entre los nuevos grupos diseminados por todo el territorio de Brasil, « que dominan una parcela de poder que no tienen o creen que no tienen». Ambigüedad entendible, ya que generalmente se trata de artistas «cladestinos», que renuncian a la autoría, como el que pintó con gelatina roja el Cristo Redentor, y que luego negó haberlo hecho, o los que realizan interesantes interferencias urbanas y socavan la autoridad.
Una de estas obras, tal vez la más poética, resume el espíritu que mueve a estos artistas y que no es otro que el de su tiempo: una despojada y enorme plataforma de espejo sobre la que el público puede caminar y percibir el cielo confundiéndose con el terreno que pisa, sentir que los límites se vuelven tan inciertos como los de la vida.
Estas y otras historias ajenas al arte «oficial», dejaron como saldo positivo la apertura hacia una nueva perspectiva, horizonte que Ciscar invitó a iluminar y mostrar en forma de proyectos.
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