El público a veces no está conforme con la calificación de algunas películas de este medio o de cualquier otro y de revistas. Si coinciden varias opiniones este diario las modifica. Por ejemplo, cada día son más los que ven el film argentino «El aura» de Bielinsky con Ricardo Darín y comentan a este diario «¿cómo es posible que Uds. le hayan dado 5 dedos a este film de argumento simple y de filmación lenta tipo cine francés de hace 50 años con la cámara fija en rostros inmutables para que el espectador imagine lo que quiera?». «¿Se han conjurado los cronistas cinematográficos que en todos los medios le dan 5 estrellas, 5 letras, 5 zapatitos o 5 dedos? Si a este apenas buen film nacional Ambito le da 5 dedos deberían haber usado las dos manos y hasta algún pie para calificar films como «La caída» o «Las invasiones bárbaras». Aceptamos las críticas y le cambiamos la calificación desde hoy.
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Otro film que el público empieza a ver fuera del día del estreno y que nos dicen que de ninguna manera merece «4 dedos» aun como «cine de entretenimiento» es «La leyenda del zorro». Aquí el público tiene razón. El primer film -basado en la novela original de Johnston Mc Culley- con los mismos actores de éste, Antonio Banderas y Catherine Zeta-Jones fue un hallazgo entre muchas filmaciones de «El zorro» en la historia del cine. La mejor versión posiblemente sigue siendo, en blanco y negro, la de Tyrone Power y Linda Darnell hace 40 años. Pero la anterior de Banderas y Zeta-Jones, si no la empardaba en calidad a aquélla (siempre el argumento era casi similar) la superaba en esplendor, color y hallazgos técnicos como aquel espectacular combate final en la mina y dos escenas eróticas famosas, el baile inicial de la pareja al conocerse y otra inolvidable en el cine cuando el Zorro y la dama espadean y él la va desvistiendo de a poco con la punta de su acero. La de Tyrone Power tenía la escena en el que «el malo» (BasilRathbone) para demostrarle su habilidad con la espada cruzaba con el filo la llama de una vela sin tocarla. El «Zorro Tyrone» hacía lo mismo. Basil se reía en el film de la torpeza del joven aristócrata y este le demuestra lo imposible: había cortado la vela por la mitad sin moverla de su lugary sin apagar la llama. Era el cine de alto ingenio, sin toda la tecnología moderna.
Esta segunda versión es un desencanto en relación a la anterior, salvo para gozar a Banderas (mujeres) y a Zeta-Jones (hombres). Es infantil como si la hubiera hecho Walt Disney (que también hizo su versión de dibujitos). Aquí no hay argumento un mamarracho para aprovechar el éxito anterior y ganar más plata. Las acrobacias antes sonaban fantasía pero aquí son grotescas. Zeta-Jones se negaba a hacer este segundo film si la limitaban a hacer de esposa tontona del héroe y entonces la transformaron en boxeadora, atleta, espadachina, equilibrista. El caballo negro de simpático lo hacen en esta segunda parte ridículo y aparece un niño superdotado que pelea contra todos y obviamente gana. Hay «norteamericanismo» empalagoso como si los mejicanos nativos de California hubieran estado esperando para renegar de la nacionalidad y hacerse «american» morochos. Ni es agradable el «superpibe» dada la estética de sus padres de ficción actores. Dos dedos y para pasar el rato, no da para más. Por si no tuviera suficientes males no está la genialidad de Anthony Hopkins en esta «segunda parte» que cumple la ley: no es buena.
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