"Dejé el cine para volver a la lapicera y el papel"

Espectáculos

Nueva York - El escritor Paul Auster (1947) estará en Buenos Aires entre el 25 y 30 de abril, donde muchas veces fue anunciada su visita. En sus paseos por el Village es objetivo prioritario de las cazadoras de «celebrities». Pero él, casado y feliz con la narradora y ensayista Siri Hustvedt (una nórdica de aspecto y pluma fascinantes) les dice que si quieren conocerlo, que no le pidan autógrafos, que lean sus libros y, a veces hasta les cita sus novelas «La trilogía de Nueva York», «El país de las últimas cosas», «El palacio de la luna», «Leviatán», «La música del azar», «Mr. Vértigo» o sus guiones: «Cigarros» («Smoke»), «Humos del vecino» («Blue in the face»), films que codirigió con Wayne Wang, y «Heridas de amor» («Lulú on the bridge») de la que fue único realizador, o les habla del libro que publicó hace muy poco con relatos que le enviaron oyentes a la radio donde tiene un programa o comenta que está por aperecer su décima novela.

P.: ¿Piensa hacer otro films?

P.A.: Después de «Smoke» («Cigarros») y «Blue in the face» («Humos del vecino») decidí que el cine es para quien quiere dedicarse sólo a él. Se necesitan dos años de dedicación exclusiva para realizar una película, empezando por conseguir el dinero para financiarla. El cine es engorroso, complejo, aparatoso, y además yo creo que, aprendiendo de Montaigne, puedo explicar las mismas cosas, incluso más, sólo con mi papel y mi bolígrafo y los ojos bien abiertos y dispuestos.

P.: Y su computadora...

P.A.: No tengo. No lo necesito. Escribo a mano y luego lo paso a máquina. Tengo una vieja máquina de escribir que va a ser protagonista de una de las novelas que publicaré. Un amigo pintor se ha obsesionado con ella y la retrata todos los días. Es un pedazo de hierro que empieza a tener personalidad. Además, en mi novela, el montón de chatarra experimentará ira, alegría, confusión... Lo importante es saber que la literatura está en la mirada que ilumina la experiencia de lo cotidiano, algo que podemos hacer todos. Acabo de seleccionar 180 historias de las miles que me han enviado autores inéditos de toda América.

P.: ¿Para qué?

P.A.:
Por placer. Tengo un programa de radio y pedí esas historias reales que desafiaran lo previsible, y me llegaron miles de toda América; y, ¿sabe?, todas las historias que puede explicar el ser humano se pueden resumir en nueve categorías...

P.: Amor, guerra...

P.A.:
...de animales, de objetos, cuentos de familia, relatos de encuentros con extraños, desde el acto generoso hasta el intento de asesinato, premoniciones... Es increíble la cantidad de personas que sueñan ¡y aciertan! la muerte de otros; y meditaciones: desde la estética del martini hasta recuerdos de infancia.

P.: ¿Plagió alguno?

P.A.:
¡Nooo! Mi literatura empieza exactamente donde acaban esas categorías. Hago otra cosa. Y cuando no la estoy haciendo, respiro, me pierdo, no sé qué hacer conmigo.

P.: Hay una foto suya encogido en un estudio minúsculo. ¿Cómo puede escribir ahí?


P.A.:
Ya no la tengo, pero escribía y aún escribo con los pies en la calle, mirando. Ayer vi una gallina en Broadway y la seguí...

P.: Paseando...

P.A.:
Es el único ejercicio que hago. Lo fundamental es saber mirar. Uno va por la calle y no hay nada. Pero vuelve a pasar por allí sabiendo mirar y está todo el universo en esa misma esquina. Piense en Vermeer y en cómo sabe iluminar con su mirada cualquier detalle cotidiano: una mujer junto a un jarro de agua o cosiendo, o una pared cualquiera de cualquier calle.

P.: Como su cigarreria de «Smoke».


P.A.:
Yo le pido a Veermer, a Montaigne, esa mirada capaz de transformar lo que creemos banal en algo único. Eso es literatura, arte, en estado puro: debe enseñar a mirar lo que se tiene ante las narices cada día y no se sabe ver. Si un cuadro o un libro nos cambia el modo de ver la realidad, nos habrá cambiado la vida. Eso es lo más importante que se puede lograr escribiendo.

P.: En «Smoke», Keatel hace una foto en el mismo lugar a la misma hora todos los días...


P.A.:
Se me ocurrió sacar eso en la película porque quería hacer lo de Veermer, pero yo no sé pintar como Veermer. Así que esa foto era lo más aproximado

P.: ¿Y eso ilumina mucho?

P.A.:
Si hace una foto cada día de la misma esquina que cruza camino al trabajo, la verá de forma diferente: de pronto, esos seres anónimos con los que se cruza tendrán sentido, existirán. Esa experiencia le dará contenido a todo. Si sabe verlo, claro.

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