Este conjunto se hizo mundialmente famoso con el «Vivaldi Album» que tiene a la conocida mezzo Cecilia Bártoli como solista. Cultores de la corriente «historicista», reviven el sonido del siglo XVIII, también el fraseo y la manera de manejar los arcos; asimismo, los instrumentos de viento carecen de llaves.
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En el exitoso debut ofrecieron una serie de obras prácticamente contemporáneas entre sí, que se inició con el «Concerto Grosso Op. 6 Nº 7» de Georg Friedrich Häendel, donde nos conectamos con ese particular ataque, sonido pastoso e íntimo que imperó durante toda la velada. Acostumbrados que tenemos los oídos a las versiones orquestales de las Oberturas de Bach, la Nº 1 en Do Mayor -ajustada a partitura y orgánico-permitió descubrir su riqueza, sobre todo en los oboes de Paolo Grazzi y Andrea Mion, y el fagot de Alberto Guerra, haciendo una filigrana sonora con las cuerdas y el clave.
El director del conjunto se reveló como virtuoso de la flauta piccolo, en el Concierto de Vivaldi para ese diminuto como difícil instrumento. Sorprendió por el «fiato» y la libertad creativa para el arte de la ornamentación. Con justicia fue la obra más ovacionada de la noche, casi tanto como el Concierto en Re Menor de Alessandro Marcello para lucimiento del oboísta Paolo Grazzi, que creó una atmósfera evocativa (esta música se utilizó en el film «Anónimo veneciano» con Florinda Bolkan, de manera que esta ejecución trajo el inevitable recuerdo).
Después de una luminosa y exacta interpretación del Concierto para 4 violines de Vivaldi llegaron los bises: la Obertura de la ópera «Agripina» de Häendel y un edificante «Allegro» de Veracini. El conjunto de magníficos solistas, creado hace tres lustros en Milán, nos dejó un recuerdo imborrable.
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