29 de octubre 2004 - 00:00

Desopilante show con sufrida cancionista

En «Como una perra. Amores y desengaños de Martita Quevedo», Mónica Cabrera combina su arrasadora comicidad con el canto, muy bien acompañada por dos excelentes guitarristas y la cantante Ana Bonet.
En «Como una perra. Amores y desengaños de Martita Quevedo», Mónica Cabrera combina su arrasadora comicidad con el canto, muy bien acompañada por dos excelentes guitarristas y la cantante Ana Bonet.
«Como una perra. Amores y desengaños de Martita Quevedo». Idea, textos y Dir.: M. Cabrera. Int.: M. Cabrera, A. Bonet, R.B. Grande y J. Páez. (Teatro del Locutorio, C.Pellegrini 427.)

Dueña de un histrionismo arrasador, la actriz Mónica Cabrera («Las lágrimas negras de Santita Monjardin», «El club de las bataclanas», «Arrabalera, mujeres que trabajan») compone en su nuevo espectáculo cómicomusical a una cancionista sufrida y escéptica que entre tema y tema va confiándole al público sus desafortunadas experiencias de vida.

«Nunca fui feliz»,
repite una y otra vez Martita evocando una infancia de pobreza y privaciones, seguida de un par de historias de amor, más bien frustrantes, que sólo han contribuido a agudizar sus carencias afectivas. Martita parece utilizar el escenario como un refugio que le permite exponer sus sentimientos sin que éstos sean mancillados y también como una tribuna que la ayuda a descargar públicamente toda la bronca acumulada en su existencia.

Como ya lo demostró en espectáculos anteriores, Mónica Cabrera domina el delirio de sus personajes con admirable naturalidad.

Vistas en conjunto, sus mujeres integran un variado muestrario de ansiedades y obsesiones; pero más allá de sus conductas disparatadas, hay algo en ellas que revela una gran fragilidad y desamparo. En «Como una perra», pasa fluidamente de la actuación al canto, alcanzando una notable expresividad en ambos registros. Acompañada por Ana Bonet (en coros y percusión) y dos eximios guitarristas (Reyes Benito Grande y Juan Páez), responsables también de los arreglos musicales, la actriz y directora logra instalar en escena un amable clima de complicidad con sus partenaires.

Entre tangos, boleros y corridos mexicanos (incluido el desopilante tema de amor «El protoplasma») va completando el recorrido de un personaje muy sólido que equilibra su franca comicidad con un oscuro y sutil transfondo dramático. Sin que la artista lo pida, buena parte del público se une a su canto en varias ocasiones, tentado por las melodías y la contundente letra de algunos tangos.

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