11 de abril 2002 - 00:00

"DESPERTANDO A LA VIDA"

«Despertando a la vida» (Waking Life, Estados Unidos, 2001, hablada en inglés.) Dir.: R. Linklater. Int.: T.J. Brooks, J. Delpy, E. Hawke, S. Soderbergh, y otros, vertidos al dibujo animado. S/R.

S i bien está lo que bien termina, esta película está muy bien, porque cierra con una hermosa versión del «Nocturna» de Julián Plaza, a cargo del Glovertango, de Glover Gill, un texano que también agrega otra formación suya a la banda sonora, el Tosca String Quartet. Glover Gill mismo es un fuera de serie, curiosamente venido de bandas rockeras y grupos de jazz (D Day, 8 1/2 Souvenirs, etc.). Como quien dice, el viento doquiera sopla, y ya ni del tango somos los únicos dueños.

En cuanto a la película, unos la verán más rara que buena. Otros, buena precisamente porque es rara. Parece de los '60 o '70, cuando el cine norteamericano mostraba la inquietud espiritual, amplitud de miras, y riqueza intelectual de sus estudiantes universitarios, cuando éstos tenían todas esas cosas, claro, porque es difícil mostrar lo que ya no existe, aunque se trate de una película sobre los sueños. En efecto, de eso trata «Despertando a la vida»: un joven sueña que sueña, y se despierta dentro de otro sueño, y en cada uno variados personajes hablan intensamente de filosofía, sociedad, religión, evolución, creación, etc., y citan a diversos autores, incluyendo el García Lorca de «Poeta en Nueva York», que alguien recita sobre un puente. Otros caminan, están en aulas, cafés, bares, prisión (el monólogo de un rencoroso, rojo de odio en su propio infierno), andenes o calles.

Valgan algunas frases, recordadas al azar: «la historia humana es la reacción de partículas subatómicas frente a las leyes físicas», «estás dormido en la sala de espera de la vida», «mucha gente camina dormida en la vida, y despierta en los sueños», y el concluyente «no digo que no sepas de qué estás hablando, pero yo no sé de qué estás hablando».

¿Demasiadas palabras, quizá? Para aligerar su exposición, el autor, Richard Linklater, apeló a una curiosa técnica: grabó a todos los expositores con una cámara digital, y luego los hizo copiar en dibujos animados de estilo muy suelto y cambiante, que dan, precisamente, una agradable sensación de fluidez, aunque Julie Delpy, por ejemplo, sale desfavorecida. No todo es posible en la vida, ni siquiera en sueños. Pero el conjunto resulta no sólo raro, sino también estimulante.

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