21 de noviembre 2007 - 00:00

"Después del casamiento"

A partir de unguiónadmirable, en«Después delcasamiento», ladirectoradanesaSusanne Bierconstruye unpotente drama,con notablesactuaciones.
A partir de un guión admirable, en «Después del casamiento», la directora danesa Susanne Bier construye un potente drama, con notables actuaciones.
«Después del casamiento» (Efter brylluppet, Dinamarca, 2006, habl. en danés, hindi e inglés). Dir.: S. Bier. Guión: S. Bier y A.T. Jensen. Int.: M. Mikkelsen, R. Lassgard, S. Babett Knudsen, S. Fischer Christensen.

A un año del estreno de la interesante «Hermanos» vemos ahora otra película de la directora danesa Susanne Bier, a partir de un estupendo guión nuevamente compartido con Anders Thomas Jensen. Aunque la puesta en escena está bastante menos contaminada por las pautas del «Dogma», el corazón del argumento de «Después del casamiento» es comparable al de «La celebración» del dogmático de paladar negro Thomas Vinterberg: básicamente las consecuencias de la ventilación de un fuerte secreto familiar. Aquí son varios los secretos, a cual más doloroso. Las consecuencias (y las motivaciones), son menos ominosas; acaso más esperanzadoras.

La película se inicia en la India, donde Jacob (Mads Mikkelsen, el villano del último James Bond), un taciturno danés que desde hace dos décadas consagra su vida a los niños desamparados, recibe la mala noticia de que tiene que volver a su país para conseguir financiamiento de un rico benefactor, cuyos retazos de vida se ven en flash paralelos que parecen querer marcar las diferencias abismales entre primero y tercer mundo. Pero las intenciones de Bier y Jensen van mucho más allá de esa obviedad. No bien pisa Dinamarca, Jacob es invitado intempestivamente por el millonario Jorgen (el notable Rolf Lassgard) a la boda de su hija. Una invitación difícil de rechazar, no sólo porque la directora del orfanato indio le había ordenado «Vas, te vistes de traje y te comportas correctamente», sino porque Jorgen será abierto y generoso pero también es un hábil manipulador e incluso puede ser despótico si él cree que las circunstancias lo ameritan. De entrada, Jacob recibe una sorpresa en la fiesta y, poco después, una conmoción fácilmente comprensible para cualquiera.

De ahí sobreviene una serie de conmociones que sólo un guión bien escrito puede volver convincentes, no porque cosas así no sucedan en la vida, sino porque en una misma película puede parecer «demasiado». Aquí, sin embargo, todo se acepta con naturalidad. Mucho de lo que le ocurre a los personajes -gente con sus complejidades y sus desesperaciones-y lo que ocurre entre ellos, logra conmover al espectador más reticente hasta hacerlo romper en llanto más de una vez. Esto, merced a la habilidad de Bier como narradora y, por sobre todas las cosas, como directora de actores. Su cámara desnuda literalmente las emociones de los intérpretes deteniéndose más que nada en sus ojos. Este es un excelente recurso que pierde sutileza cuando se detiene en otro tipo de miradas. Pero ése es un mal menor frente a la inteligencia de todo el resto.

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