7 de octubre 2004 - 00:00

"Deuda"

«Deuda» (id., Argentina, 2004; habl. en español). Dir y guión: Jorge Lanata y Andrés G. Schaer. Documental.

Luego de una hora y media de película, Jorge Lanata llega a una conclusión: la culpa del enorme endeudamiento argentino la tienen no sólo el FMI, los organismos multilaterales y los países ricos sino también la impericia de los gobiernos y los políticos argentinos para manejar el dinero que el mundo nos prestó en los últimos treinta años. Conclusión obvia pero no profundiza. Duhalde, Ruckauf, Gualtieri, el vaciamiento del Banco Provincia (clave para llegar al default de 2001) no tienen ni una imagen. Genial hubiera sido mostrar el corralón de materiales por el cual a Gualtieri el Banco Provincia con un aval le prestó 1 millón de dólares, incobrables desde ya. A Lanata le interesa el panegírico, no la genialidad. Ni pensó en mostrar «Canal 7» y lo que se gastó en el Mundial 78.

Si bien evita «demonizar» exclusivamente al Fondo, la película cae permanentemente en lugares comunes mientras él no deja de estar siempre en cámara, inclusive en una escena donde su figura se transforma en un sofisticado dibujo animado: así, Lanata pasa una y otra vez de la villa miseria tucumana a la lujosa villa alpina de Davos en donde discuten los grandes líderes políticos y empresariales o a las mansiones de Punta del Este (él tenía una en José Ignacio, más caro que Punta del Este), lo cual no agrega nada y sólo apunta a generar un rápido impacto y crear un sentimiento de indignación en el público. Con «Deuda: ¿quién le debe a quién?», el periodista intenta indagar qué hizo la Argentina con los u$s 180.000 millones que pidió prestado. No tiene ningún conocimiento económico, por tanto tiene tanto análisis serio del tema como si hubieraminvestigado el estallido nuclear de Chernobyl.

El detonante sobre el cual gira la historia es Barbarita, la niña tucumana desnutrida que lloró en 2002 ante las cámaras de televisión.

Distribuye el film insólitamente Disney, y nada vale para los de afuera si no muestran miseria latinoamericana
. Más deuda, más pobres, es la ecuación que se maneja durante todo el documental meramente propagandístico hacia un marxismo que ya no existe en el mundo. Esto es de una simpleza panfletaria atroz.

Tampoco hay entrevistas incisivas y que pongan en aprietos al entrevistado, quizá con la excepción del vocero del FMI, Thomas Dawson, a quien hace tartamudear cuando le pregunta qué haría si de un día para el otro deja de ganar u$s 25.000 mensuales, le sacan su casa y el auto. «No esperamos ganar un concurso de popularidad» reconoce el funcionario del organismo. Un largo documento autocrítico ya elaboró el propio Fondo. Era técnico, pesado, pero quizá más entretenido de leer que sentarse a ver «Deuda».

Reconozcamos algo: este film tal vez sea un material que puede resultar atractivo desde el punto de vista docente y para escuelas y colegios secundarios; la recorrida por los pasillos del Banco Mundial y del FMI en Washington le sirven a Lanata para averiguar de qué forma se definen los créditos que otorgan los organismos a los países y la escasa supervisión que se sigue una vez que fueron otorgados.

Atrae unos minutos cuando refleja el otro lado de la campana: es decir el escaso (o directamente nulo) control que hay en la Argentina para que los créditos destinados a obras de infraestructura, como la construcción de cloacas en Tucumán, tenga realmente el destino que fue asignado. Se toma como ejemplo de desidia las denuncias efectuadas por un personaje como
Alejandro Olmos. Pero queda apenas en una descripción general de las denuncias, según la cual se habrían descubierto «467 irregularidades».

• Trillado

El pobre documental por momentos consigue ritmo, pero luego cae en baches inexplicables: por ejemplo, se hace demasiado larga la recorrida por las villas miserias de Tucumán, un tema trillado que sólo a Lanata parece sorprender; hay una inexplicable nota realizada en el verano desde el hotel Cipriani (ahora reconvertido en Mantra), y apariciones poco convincentes de algunos políticos argentinos indignados por la falta de control que existe en la Argentina por la deuda, como el caso de Eduardo Amadeo, Alfredo Atanasof y Jesús Rodríguez. Amadeo se indigna pero no le preguntan cuando inexplicablemente Eduardo Duhalde lo mandó por pocos meses de embajador a Estados Unidos, amplió la residencia para alojar a toda su familia, incluidos yernos... y habla de deuda.

A diferencia del estadounidense
Michael Moore (cuya comparación dice molestarle, ¡menos mal para Moore!), Lanata ni siquiera quiso pasar la frontera del «asalto periodístico» que tan bien le sale a Moore en «Farenheit 9/11». Lo llama por teléfono al ex ministro de Economía, Alfredo Martínez de Hoz, para solicitarle amablemente una entrevista que es denegada.

También lo fueron a buscar a
Domingo Cavallo a Harvard, pero sólo encontraron su letrero en la puerta de un aula. Cuenta hasta lo que no logra.

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