10 de mayo 2005 - 00:00

Diálogo objeto-pensamiento, constante en Marie Orensanz

Los textos y los cristales de «Para quién suenan las campanas», una síntesis poética de la obra de Marie Orensanz,quien acaba de inaugurar en Río Gallegos una muestra queabarca el período 1998-2005.
Los textos y los cristales de «Para quién suenan las campanas », una síntesis poética de la obra de Marie Orensanz, quien acaba de inaugurar en Río Gallegos una muestra que abarca el período 1998-2005.
Marie Orensanz presentó hace pocos días en el Complejo Cultural Santa Cruz de Río Gallegos, «Distintas formas, un mismo pensamiento», con obras del período 1998-2005. La muestra incluye trabajos realizados con soportes, fotografías, acero inoxidable, madera, y la proyección de los videos «Camino del artista» y «Querer, poder hacer y girar nuestro propio mundo».

Orensanz
fue seleccionada en el Concurso de Esculturas de la Costanera y la suya se ubicará en el ingreso al Parque de la Memoria. Es un proyecto en cemento de 6 m de alto por 4 m de ancho, que tiene perforadas las letras del texto Pensar es un hecho revolucionario.

«Me parecía muy importante que el pensamiento se viera como si estuviera en el aire y que se tuviera que reconstruir porque la frase está cortada por al mitad, con alusión a todo lo que ha pasado.»

La propuesta de Orensanz es, decididamente conceptual. «Pensar significa dudar, analizar, buscar, proyectar, dialogar. Es de esta forma como empieza la transformación. Transmitir la energía del pensamiento: esto es lo que quiero decir sin ornamentos, simplemente, haciendo un todo, una unidad, de gesto y pensamiento. Lo repito una vez más: producir cambios a través de las ideas...».

Actualmente Orensanz ya está trabajando para su muestra retrospectiva en el Museo de Arte Moderno en marzo del año próximo, y permanecerá en Buenos Aires las próximas tres semanas para prepararla con la creativa directora Laura Buccellato. El diálogo entre objeto y pensamiento ha sido siempre una constante en su obra. La video instalación «Esperando una nueva primavera», que presentó en el Museo de Bellas Artes incluía, junto al video, objetos antiguos: taladros de carpintero que colgaban del techo. En un fondo azul se reflejaban, las sombras de estas herramientas artesanales, y una de ellas llevaba la inscripción Vaciado.

La instalación era una narrativa visual, proyectada por la artista en un espacio concreto. El texto fragmentado sobre la pared, el taladro (manual), el video (tecnología), la pintura de hace tres décadas y la canción que se escuchaba, eran fragmentos en los que se fusionaban el pasado y el presente. Como toda instalación requería también la participación del espectador, que al observarla desde distintos ángulos convertía la obra en un proceso. « Esperando una nueva primavera» se acompañaba con una canción interpretada por voces femeninas, cuyo contenido contrastaba con lo que presentaban las imágenes. «El campo es verde... el cielo es azul... todos los niños juegan... el mundo es feliz... La vida moderna... no hay nada mejor... cantamos... reímos... y todo es confort».

• Símbolos

A mediados de los años '70, cuando se fue a Milán y después a Carrara, comenzó a utilizar fragmentos de mármoles con distintas simbologías ( talladas) siguiendo la dialéctica entre pensamiento y objeto. Eran ideas, conceptos, que apoyaban su discurso visual, pedazos de mármol de Carrara, que proponían un diálogo abierto que reconstruía el mensajefragmento con su propio pensamiento.

En sus últimas obras ha ampliado los conceptos y la representación del tiempo a través de objetos antiguos, como los taladros contrapuestos a los videos. En su obra para la II Bienal de Arte de Buenos Aires (2002), fueron las ruecas subrayando el trabajo manual. En
«Adónde va el camino», presentaba un taller de artista, planteando una reflexión sobre el camino que lleva el arte cuando va hacia la galería o al museo, donde las influencias comerciales, políticas o sociales nada tienen que ver con el principio de comunicación del creador, ni con la energía o la sensibilidad que él ha dejado en cada una de sus realizaciones. La visita al taller que la instalación proponía, trataba de anular las barreras establecidas entre artista y espectador, dada la transformación del arte en objeto de consumo.

Orensanz
transformaba al destinatario haciéndolo razonar, proponiéndole enigmas y símbolos, explotando su capacidad de encontrar sentidos siempre renovados. Así lo ejemplificó ya en 1977, en las obras presentadas en el CAYC en Buenos Aires. En una conversación con Lea Vergine y Gillo Dorfles señalaba que «el rol del artista es el de testigo; el mismo rol de cualquier persona que piensa, que reflexiona sobre sí misma y sobre la relación con el mundo sin distinción de para quién es o no artista.»

En ocasión de su muestra en París en 1978, señaló «... el fragmentismo busca la integraciónde una parte de un todo, transformándose, por sus múltiples lecturas, en un objeto inacabado e ilimitado a través del tiempo y el espacio». En la obra que obtuvo el Primer Premio del Banco Ciudad en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 2002 (30.000 dólares), un grupo de críticos locales y extranjeros votó por unanimidad
«De qué lado sopla el viento»: un texto sobre el muro, desplegado en forma circular y una hélice que de algún modo «se hacía cuerpo». Una hélice que como imagen tenía una referencia conocida pero al mismo tiempo simbólica. Los textos y los cristales de «Para quién suenan las campanas», son las distintas respuestas -«para los que juzgan», «para los que esperan»-, que aparecían en cada badajo, fueron en 2003, una marcada síntesis poética de su obra.

Orensanz
(Mar del Plata, 1936), estudió en los talleres de Emilio Pettoruti (1955-60) y Antonio Seguí (1960-1962). Residió en Milán entre 1972-75, y desde entonces vive en París.

Dejá tu comentario

Te puede interesar