10 de mayo 2005 - 00:00
Diálogo objeto-pensamiento, constante en Marie Orensanz
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Los textos y los cristales de «Para quién suenan las campanas
», una síntesis poética de la obra de Marie Orensanz,
quien acaba de inaugurar en Río Gallegos una muestra que
abarca el período 1998-2005.
Orensanz fue seleccionada en el Concurso de Esculturas de la Costanera y la suya se ubicará en el ingreso al Parque de la Memoria. Es un proyecto en cemento de 6 m de alto por 4 m de ancho, que tiene perforadas las letras del texto Pensar es un hecho revolucionario.
A mediados de los años '70, cuando se fue a Milán y después a Carrara, comenzó a utilizar fragmentos de mármoles con distintas simbologías ( talladas) siguiendo la dialéctica entre pensamiento y objeto. Eran ideas, conceptos, que apoyaban su discurso visual, pedazos de mármol de Carrara, que proponían un diálogo abierto que reconstruía el mensajefragmento con su propio pensamiento.
En sus últimas obras ha ampliado los conceptos y la representación del tiempo a través de objetos antiguos, como los taladros contrapuestos a los videos. En su obra para la II Bienal de Arte de Buenos Aires (2002), fueron las ruecas subrayando el trabajo manual. En «Adónde va el camino», presentaba un taller de artista, planteando una reflexión sobre el camino que lleva el arte cuando va hacia la galería o al museo, donde las influencias comerciales, políticas o sociales nada tienen que ver con el principio de comunicación del creador, ni con la energía o la sensibilidad que él ha dejado en cada una de sus realizaciones. La visita al taller que la instalación proponía, trataba de anular las barreras establecidas entre artista y espectador, dada la transformación del arte en objeto de consumo.
Orensanz transformaba al destinatario haciéndolo razonar, proponiéndole enigmas y símbolos, explotando su capacidad de encontrar sentidos siempre renovados. Así lo ejemplificó ya en 1977, en las obras presentadas en el CAYC en Buenos Aires. En una conversación con Lea Vergine y Gillo Dorfles señalaba que «el rol del artista es el de testigo; el mismo rol de cualquier persona que piensa, que reflexiona sobre sí misma y sobre la relación con el mundo sin distinción de para quién es o no artista.»
En ocasión de su muestra en París en 1978, señaló «... el fragmentismo busca la integraciónde una parte de un todo, transformándose, por sus múltiples lecturas, en un objeto inacabado e ilimitado a través del tiempo y el espacio». En la obra que obtuvo el Primer Premio del Banco Ciudad en el Museo Nacional de Bellas Artes, en 2002 (30.000 dólares), un grupo de críticos locales y extranjeros votó por unanimidad «De qué lado sopla el viento»: un texto sobre el muro, desplegado en forma circular y una hélice que de algún modo «se hacía cuerpo». Una hélice que como imagen tenía una referencia conocida pero al mismo tiempo simbólica. Los textos y los cristales de «Para quién suenan las campanas», son las distintas respuestas -«para los que juzgan», «para los que esperan»-, que aparecían en cada badajo, fueron en 2003, una marcada síntesis poética de su obra.
Orensanz (Mar del Plata, 1936), estudió en los talleres de Emilio Pettoruti (1955-60) y Antonio Seguí (1960-1962). Residió en Milán entre 1972-75, y desde entonces vive en París.



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