Clásicos. Actuación de Divididos. R. Mollo (guitarra y voz), D. Arnedo (bajo) y J. Araujo (batería). Invitados: A. Ciro, J. Malossetti, R. Vilca y grupo (Obras Sanitarias, 28/3).
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El show de tres horas de Divididos, al aire libre en Obras, bajo una lluvia intermitente, no ahorró sorpresas e invitados, pese a que se había bautizado «Clásicos», a secas. La intención era buena: ofrecer un recorrido por los diez años de historia de la banda, siete discos y diversos estilos musicales que la afirmaron como una de la más versátiles del rock argentino. Pero el resultado no fue el óptimo, y el grupo fue el primero en notarlo: sus integrantes pidieron perdón innumerables veces «por este quilombo» y agradecieron otras tantas al público «por bancarse todo esto». Si bien la promesa de revivir una década de rock fue en gran parte cumplida, fallaron el clima del recital (y no sólo por la molesta llovizna o el barrial, sino por una inusual frialdad en el ambiente) y la calidad del sonido, muy inferior a los de otros impecables recitales que la banda suele ofrecer. Esto último empeoró cuando el grupo se subió a un miniescenario movible en forma de barquito con la leyenda «Pepe Lui» (el segundo corte del último disco «Vengo del placard de otro») para recibir a sus primeros invitados, Andrés Ciro y Micky, de «Los piojos», aunque al público le gustó tener a los músicos a pocos metros, pues el barco se ubicó casi en el centro del «pogo». Después interpretaron un repertorio en secuencias muy marcadas de temas lentos-tranquilos y canciones eléctricas-pogueras, sin el despliegue de violines, cellos o instrumentos andinos de sus últimos conciertos. Si bien no defraudó, el recital hizo extrañar algo menos multitudinario y abierto (en éste hubo más de 15 mil personas, y en los clásicos Obras o Luna Park no se llega a los 5 mil) que es donde la banda verdaderamente brilla y, sobre todo, experimenta. Ahí es donde radica su valor y su vigencia. Informate más
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