19 de junio 2003 - 00:00

"DONDE CAE EL SOL"

Escena del film
Escena del film
«Donde cae el sol» (Arg., 1999-2002, habl. en español). Dir.: G. Fontán. Guión: G. Fontán, P. Reyero. Int.: A. De Grazia, M. Gazpio, R. Ballester, G. Stingo, F. Fontan, O. Cimaglia, A. Jaet, E. Fagnani.

C on las demoras propias de una película verdaderamente hecha a pulmón, llega el último trabajo del lamentado Alfonso de Grazia, el único, además, como protagonista. Actor generalmente secundario, memorable como el amigo traicionado de «El mismo amor, la misma lluvia», aquí -buena despedida-saca lustre a un personaje digno de recuerdo, con sus medios tonos, y sus miradas al mismo tiempo francas e inapresables.

Ese personaje es un simple sexagenario del conurbano, un viudo repartido entre la disquería de su propiedad, las charlas con el nieto, y las reuniones en una pequeña sociedad de fomento. La verdad, lo pasa mejor afuera que en su propia casa, donde el hijo desocupado anda siempre de mal humor. Afuera están la empleada de la disquería y su novio, a quienes terminará vendiendo el negocio, y está, sobre todo, la hija de un viejo amigo, una chica a la que vio crecer, y hoy es una treintañera separada, que ha vuelto al barrio. Entre ambos las cosas se van dando de a poco, como algo casi natural. Pero sus respectivos familiares...

Igual que sus personajes, la película se va dando de a poco, sumando con naturalidad diversos fragmentos de vida cotidiana, y también va a tener un impasse cuando lo tengan sus enamorados, reprimidos no por «el qué dirán», sino por lo que ya les están diciendo los otros. El desenlace es tocante, y bastante creíble, aunque algunos lo vean un poco tremendista. Sin dudas, al productor le hubiera convenido otro final, pero el autor (que es la misma persona, Gustavo Fontán) mantuvo la honestidad de su empeño.

Medida descripción de un amor, entonces, y de unas últimas bocanadas de relativa plenitud en la vida de un hombre «de la tercera edad», la suya es una obra bien planteada, de controlada emoción, y deliberado tono menor. Por supuesto, se extrañan los arrestos románticos de «La tregua». Pero el modelo para comparar es otro, es el cine de madurez del maestro Leopoldo Torres Ríos, el de «Aquello que amamos», un poeta, como lo es también, marcadas las distancias, Gustavo Fontán.

Párrafo aparte merece la música, digna de difusión, de Diego Lerendegui.

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