28 de noviembre 2006 - 00:00
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Los israelíes
Amit
Duvdevani,
«Duvdev», y
Erez Eizen de
«Infected
Mushroom»,
que la semana
próxima
actuarán en
Buenos Aires.
A.D.: Sólo al principio, hace unos quince años, tuvo lugar esa asociación con el surgimiento del trance. Ahora, el público evolucionó y disfruta de la música sin necesidad de drogarse. En todas las décadas ocurrió lo mismo: en los '60 fue el LSD y la marihuana, y en los '90 las pastillas de éxtasis.
P.: En la Argentina estamos atrasados. El éxtasis se popularizó en esta década y sigue circulando.
A.D.: Lo que pasa con la Argentina ocurre porque es todavía un mercado fresco, donde los «bichos» son una suerte de novedad. Pero en el mundo fue bajando el consumo y lo mismo ocurrirá en su país.
P.: La dinámica y renovación de la música electrónica es tan vertiginosa que se vuelve por momentos descartable. Por eso, el rock tarda mucho más tiempo en cambiar que la electrónica, ¿a qué se debe?
A.D.: Esta música avanza rápido por su manera de ser producida. Sólo requiere una computadora para componer, cuando una banda de rock necesita juntar a todos los integrantes en una sala de ensayo. Además, la electrónica avanza y se renueva tan rápido como el hardware, se produce todo el tiempo y un sonido de hace tres meses puede parecer viejo. Sin embargo, no por eso creo que sea descartable. El trance llegó para quedarse y recibe mucha influencia del rock, así como el rock también influye mucho en la electrónica. Nosotros somos un claro ejemplo de ello, venimos con guitarra y batería.
P.: Llegan a Buenos Aires por tercera vez en dos años, ¿qué tiene en común este público con el europeo o el asiático?
A.D.: El público interesado en nuestra música es similar en todas partes, toman la música muy en serio. No coincido con lo que se dice siempre de que «el público argentino es el más cálido de todos». Es cálido y pasional, lo reconozco, pero nuestro público nos recibe con euforia en Europa, Asia o América.
P.: ¿Los perjudica la descarga de música de Internet (que en el caso de la electrónica muchas veces es más difícil de conseguir) o defienden la libertad de los usuarios para bajar música aunque sea contraproducente para las ventas de CDs?
A.D.: La música debe ser libre para todos porque, gracias a Internet, miles de usuarios nos conocen cada día y luego eligen venir a los shows. A mí me alcanza con que nos vean en vivo y muchos llegan gracias a la difusión en la web. Y si les gustó el show, luego seguramente comprarán el CD, pero si no lo hacen, me interesa sobre todo el live show. Por algo en diciembre tenemos planificados 21 recitales.
P.: ¿Prefieren actuar en festivales multitudinarios como Creamfields o en los llamados «clubs», de menor capacidad?
A.D.: Siempre depende de la gente, puede haber un festival de 200 mil personas, como los que hay en Europa, donde hemos tocado varias veces, y la vibración no ser tan buena. O puede haber 1000 personas que sean explosivas. Lo caliente o lo frío del show depende de la energía, no de la cantidad de público que llevemos.
Entrevista de Carolina Liponetzky


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