22 de octubre 2003 - 00:00
Duro film examina el papel de un artista en el nazismo
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Periodista: ¿Cómo surge esta película tan polémica?
Yves Pasquier: Siempre me interesó hacer la vida de un director de orquesta. Tiempo después de participar en « Cinema Paradiso», estando en un encuentro musical en Edimburgo, un ex-secretario de Igor Stravinsky me habló de esta historia, que además era real, y encajaba perfectamente con lo que yo buscaba, algo sobre las decisiones morales que debe tomar un artista.
P.: Hubo un antecedente teatral.
Y.P.: Sí, y la estaban representando en Londres. Después la dieron en 27 países.
Argentina también compró los derechos, no sé si la hicieron. Yo la vi, me convenció, hablé con el agente inglés del autor, me rechazó. Lo mismo, el agente en Broadway. Pero el escritor, Ronald Harwood, sabía con qué gente me muevo, y le atrajo la idea de que la llevara al cine István Szabó, el director de «Mefisto» y «Coronel Redl». Hablé con él, lo sedujo la historia, y así al fin tuve los derechos para llevarla al cine.
P.: Lo último de Ronald Harwood («El vestidor») es el guión de «El pianista»...
Y.P.: Precisamente, Roman Polanski vio «Tomando partido», y enseguida decidió contactarlo para hacer «El pianista». Bueno, en 1996 ya tenía director (Szabó se encontraba filmando «Sunshine») y guionista. El investigó muy bien el caso, leyó registros del juicio, cotejó comentarios que hace el propio Furtwängler en sus cartas, habló con testigos.
Luego, como buen dramaturgo, comprimió todo eso, cosa de crear tensos momentos actorales que al mismo tiempo fueran fieles a la verdad histórica.
P.: ¿Y el elenco?
Y.P.: Pensamos en el sueco Stellan Skarsgard, de brillante performance como Furtwängler, y en Harvey Keitel, que en 48 horas me dio el sí. Después me llevó seis meses negociar con sus agentes. Terminamos filmando en 2001, en Dresden, ex-Alemania Oriental. El director de arte, un berlinés de más de 80 años, había sido durante la guerra el único oficial alemán de la RAF ( Royal Air Force), y después hizo carrera en Hollywood. Pero a nosotros nos cobró barato.
P.: ¿Qué diferencias hay con la pieza teatral?
Y.P.: Las principales son de carácter. Por ejemplo, pusimos importantes personajes nuevos, como un segundo violinista, un joven judío que aprecia al músico alemán, y un oficial ruso (que realmente existió) de mucho peso en el ambiente cultural berlinés de posguerra. Szabó es húngaro, sufrió en carne propia lo que significaba ser un artista bajo el régimen soviético, de modo que sabía qué clase de personaje podía ser ése, tanto en lo bueno como en lo malo.
P.: La película procura mostrar lo bueno y lo malo de cada uno.
Y.P.: Esa es la intención. Los temas morales siempre son muy personales. El partido que se tome, depende de cada uno. Este film invita a que cada espectador contemple la posición de los otros y saque sus propias conclusiones, de acuerdo a su punto de vista. No la hicimos tan fácil. Eliminamos, por ejemplo, el personaje de una mujer salvada por Furtwängler, cosa de hacerlo más impreciso.
P.: El espectador puede llegar a ponerse de su lado al verlo sufrir la insistencia del interrogador.
Y.P.: Si uno lee sus cartas, queda sorprendido. Según confesó, Furtwängler se deprimía mucho después de cada interrogatorio porque no lograba entender de qué lo acusaban. Era un muro que no podía superar. Para él, seguir representando a Alemania bajo el nazismo era lo más natural que le podía pasar a un alemán. Eso es incomprensible para el oficial americano. Y ese oficial siente que tiene una misión, desnazificar al pueblo alemán. El no entiende las consideraciones de su asistente,más liberal. Los americanos tienen una moral propia, muy terminante, que les permite separar el bien y el mal. Pedí que este personaje fuera menos exigente con el acusado, pero el mismo guionista me contestó: «Yo he sido infante de marina. En la vida real hubiera ido más lejos». Para alguien así, ser duro es ser poderoso.
P.: Impresionan los fragmentos documentales.
Y.P.: Sí, el mensaje radial, instando a los ocupantes a no hacer ninguna amistad con los ocupados, el corto con la explicación oficial de porqué no bombardearon las vías que llevaban a Auschwitz, o ese donde Furtwängler se limpia las manos después de saludar a Hitler. Lo hicimos ampliar, todos vimos lo mismo, pero siempre depende cómo lo veamos. En su momento, Goebbels explicó que el músico no se limpió las manos por asco al Führer, sino simplemente porque las tenía sudadas. ¿Cuál sería la verdad? ¿Cómo podríamos dar un juicio definitivo?
Entrevista de Paraná Sendrós



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