16 de marzo 2007 - 00:00

Eficaz versión de una humorada de Pirandello

Los adaptadores y directores Betty Gambartes y Alejandro Giles, hacen bien en aligerarel lenguaje de «¡Así es!... si así te parece», pieza menor pero simpática de LuigiPirandello que le toma el pelo a la burguesía provinciana.
Los adaptadores y directores Betty Gambartes y Alejandro Giles, hacen bien en aligerar el lenguaje de «¡Así es!... si así te parece», pieza menor pero simpática de Luigi Pirandello que le toma el pelo a la burguesía provinciana.
«¡Así es!... si así te parece» de L. Pirandello. Versión y Dir.: B. Gambartes y A. Giles. Int.: J. Hidalgo,-L. Berthet, J.-P.Reguerraz y otros. Dis.del espacio y Vest.: B. Gambartes y A. Giles. Mús. D. Vila. Luces: E. Lahuerta. (Andamio 90.)

Un hombre llega a una pequeña ciudad de provincia como empleado de la alcaldía. Es un individuo callado y de aspecto sombrío, pero cuando sus vecinos (el alcalde y su familia) descubren que convive con su suegra y a la vez mantiene aislada a su mujer en las afueras de la ciudad, se desata una fiebre detectivesca que termina involucrando a todo el pueblo.

Tanto la suegra (a la que Juana Hidalgo le aporta una gran dulzura) como su yerno han sufrido una gran tragedia. Ambos tienen sus razones para actuar como lo hacen y se protegen mutuamente, pero a sus nuevos vecinos sólo les interesa saber quién de los dos está loco ya que sus testimonios se contradicen de manera escandalosa.

Sin ser una gran obra, «¡Así es!... si así te parece» (1917), exhibe un vivaz entramado de géneros. El autor la presentó como una «farsa filosófica» pero en ella conviven la comedia, la tragedia, el sainete, el teatro de tesis y el melodrama. Aún así el esquematismo de su trama denota que la pieza fue en su origen un cuento: «La señora Frola y su yerno el Señor Ponza», escrito en 1915. Luigi Pirandello justificó su traslado a escena como una «gran diablura» que le permitía gozar de la reacción del público -tan parecida a la de sus personajes- y de paso darle un escarmiento, ya que el enigma que plantea la obra queda sin resolver.

El autor de «Seis personajes en busca de un autor» siempre se valió de la escena para exponer sus ideas. Aquí intenta demostrar que no hay una verdad única, que juzgar las acciones ajenas es una actividad perniciosa y que la mente humana nunca dejará de ser un misterio a descifrar. La inquietud que provoca lo diferente, aquello que no tiene una explicación racional o que no responde a las reglas establecidas se traduce en reacciones desmesuradas que la puesta de Betty Gambartes y Alejandro Giles logra capitalizar a través del humor, la música incidental de Diego Vila y una marcación de actores acorde a la diversidad de estilos que plantea el autor.

Pirandello le toma el pelo a la burguesía provinciana, habitual defensora del orden y la vida tranquila pero también muy afecta a las habladurías. Sus personajes bordean la caricatura sólo para oponerse al trasfondo trágico y misterioso de las tres víctimas de esta historia.

El tercer punto de vista lo da el cuñado del alcalde y alter ego del autor (muy buen trabajo de Jean-Pierre Reguerraz), que con aire suficiente se burla de la morbosa curiosidad de sus parientes y vecinos, y también de la del público. El y otros personajes se pasean por el patio de butacas precisamente para borrar los límites entre realidad y ficción.

Gambartes y Giles alivianaron el lenguaje de la pieza para darle más ritmo y a eso contribuye también la labor de todo el elenco, en especial Lola Berthet, en el rol de la pícara hija del alcalde que se contonea ante los hombres sin que sus padres hagan registro de ello por estar demasiado ocupados en la vida de sus vecinos.

La escenografía y el vestuario en blanco y negro (con un inesperado toque de color sobre el final) le otorgan un inusual refinamiento a la puesta.

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