23 de septiembre 1999 - 00:00

"EL AMOR ES EL DIABLO"

C ierta admiración, esta película tremendamente británica sobre los tortuosos amores entre el pintor Francis Bacon y un delincuente menor, que cayó del cielo y siguió para el infierno. Amores tortuosos, no sólo, o no tanto, por su base homosexual, sino por los componentes sadomasoquistas y los choques de clase que el artista incentivaba en esas relaciones.
Esos choques constituyen la esencia de la relación y esa relación es como la esencia de un conflicto mayor, entre dos o más sectores sociales, que se atraen, se usan, se rechazan, se envidian, se desprecian. Gana el que impone sus propias reglas, afirmado en los suyos y en la devoción de quien es espiritualmente más débil, o más puro.
Para muchos,
Bacon era como su propia pintura, suelto, intenso, fascinante y terrible; y veía al mundo y a la gente tal como aparecen en sus cuadros: monstruosos, sombríos, degradados. En la película, el personaje tampoco brinda, precisamente, un canto a la vida ni luce como una persona noble, o al menos simpática. Eso sí, tiene un talento arrollador.
De igual modo, aunque la historia sea desagradable, la obra se enaltece gracias a la maestría del actor
Derek Jacobi («Yo, Clau dio») y a la habilidad plástica del fotógrafo John Mathieson y del realizador John Maybury, que en éste, su primer film, supo meterse en el espíritu de sus personajes, en vez de limitarse a circunscribir sus rasgos exteriores.

 Recreación

Ellos recrearon y movilizaron la visión baconiana, Jacobi encarnándolo y los otros mediante recursos tales como el empleo de colores fuertes y de dramático simbolismo, luces y sombras cargadas, lentes deformantes y vidrios, espejos y botellas que alteran y a veces hasta triplican los motivos, como una alusión a los famosos trípticos de Bacon, que tanta influencia tuvieron, incluso entre nosotros.
Sin esos criterios plásticos, casi siempre muy bien aplicados, que nos permiten entrar en el mundo del pintor,
«El amor es el diablo» sólo tendría un interés relativo. La música de Ryuichi Sakamoto es otro puntal a tener en cuenta.


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