10 de septiembre 2026 - 13:01

El amor en los tiempos del radioteatro

Irene Almus y Mariana Giovine hablan de “Espumas de Oriente”, donde los conflictos de aquel género se confunden con la vida de quienes lo interpretan. Se estrena mañana en el Centro Cultural de la Cooperación

Espumas de Oriente, de Irene Almus, se presenta desde mañana en el Centro Cultural de la Cooperación.

"Espumas de Oriente", de Irene Almus, se presenta desde mañana en el Centro Cultural de la Cooperación.

“Hay que volver siempre al sainete, un género fundacional y, sin embargo, tan desaprovechado y tan poco visitado en estos tiempos. Es prácticamente desconocido para las nuevas generaciones”, dice Irene Almus, autora y protagonista de “Espumas de Oriente”, que se estrena mañana a las 21 en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543), con dirección de Mariana Giovine.

La obra transcurre en la década del sesenta. Dos actores se conocen mientras representan un radioteatro: Mecha Dalbón, una intérprete veterana y reconocida, y Fernán Pelesucci, un joven principiante llegado de provincias. Entre ellos empieza a tejerse una historia de amor mientras la televisión gana terreno, el radioteatro pierde popularidad y la diva ve amenazado el lugar que ocupó durante años. También actúan Santiago Fracarolli y Juan Azar, quien tiene a su cargo la dirección musical. Dialogamos con Almus y Giovine.

Periodista: Escribió la obra para revisitar otras épocas y hablar del medio teatral y de la radio. ¿Cuánto de usted hay en ella?

Irene Almus: Me encanta volver a otras épocas. Toda época pasada ejerce una fascinación sobre mí, ya sea placentera o dolorosa. En este caso se trata de la década del sesenta, en la que nací, por lo tanto esos años me traen recuerdos placenteros.

P.: La obra transcurre en los años sesenta, pero el radioteatro que interpretan los personajes está ambientado en una época anterior. ¿Cómo conviven esos dos tiempos?

I.A.: “Espumas de Oriente” transcurre durante la emisión de un radioteatro. Aunque no recuerdo haber escuchado radioteatros, sí recuerdo las publicidades, la música, los hits de aquellos años. De ese material hay muchísimo en la obra y es muy divertido de escuchar. El radioteatro que representamos está situado en la década del treinta, entre malevos, tangos y conventillos. Es otro mundo que adoro y que conocí a través de Santiago Doria cuando hicimos “El conventillo de la Paloma” en el Teatro Cervantes. Ahí aprendí a disfrutar del tango y de los sainetes. A la vez, hay conflictos entre los personajes del radioteatro y entre los actores que los interpretan, y eso nos permite hablar de las relaciones, que es en definitiva lo que nos interesa. En los años sesenta el radioteatro empezó a perder popularidad y la televisión fue ganando terreno. Nuestra diva, ya entrada en años, ve cómo paulatinamente pierde su lugar. También aparece el paso del tiempo, un tema que me fascina. Todo está abordado con humor porque reírse de nuestros miedos y fantasmas es una manera de enfrentarlos.

P.: ¿Qué autores y artistas aparecen como referencias?

I.A.: Menciono especialmente a Alberto Vacarezza, Defilippis Novoa, Alberto Novion y Carlos Mauricio Pacheco. Sus sainetes me sirvieron de inspiración y me permitieron entrar en un mundo que me resulta muy atractivo.

Mariana Giovine: Durante los ensayos nombramos mucho a actores y actrices de nuestro cine, de la radio y de la televisión. Aparecen Tita Merello, Niní Marshall, Luis Sandrini, Alfredo Alcón, Rodolfo Bebán. Algunos atravesaron efectivamente el pasaje de la radio a la televisión y a otros simplemente los tomamos como referentes. Ese tipo de actuación nos interesaba por la profundidad y el compromiso que exigía.

P.: ¿Cómo pensó la puesta para que el espectador pueda espiar el mundo del radioteatro?

Mariana Giovine: La puesta fue construyéndose a partir de dos espacios. Por un lado, el lugar de trabajo de estos actores de radioteatro; por otro, el espacio ficcional del melodrama que representan y que empieza a mezclarse con sus propias vidas. También está atravesada por ese momento en que la televisión comienza a desplazar a la radio y modifica el trabajo de los actores. El vestuario y el tipo de actuación fueron herramientas fundamentales para situar la obra en esa época.

P.: ¿Qué lugar ocupa la música en vivo dentro de la puesta?

M.G.: Es un elemento importante porque nos ubica temporalmente y, al mismo tiempo, cuenta parte de la historia de estos personajes a través de tangos, milongas y boleros.

P.: La ficción del radioteatro y la vida de quienes lo interpretan empiezan a contaminarse mutuamente. ¿Cómo trabajó ese cruce?

I.A.: Me encanta mezclar ficción y realidad. Es un recurso que también utilizo en mi segunda obra, “Muñeca o el naufragio”. Estos actores ponen tanto de sí en los personajes que interpretan que la ficción empieza a ganarlos cada vez más. Es un tema que también me toca muy de cerca. ¿No nos pasa a todos en alguna medida? Inevitablemente, las ficciones que representamos nos tocan en algún lugar de nuestra propia personalidad y de nuestra experiencia, y viceversa.

P.: ¿En qué sala del Centro Cultural de la Cooperación se presenta la obra?

M.G.: En la sala Pugliese, que es una suerte de café concert y le da un marco ideal a la obra.

P.: “Espumas de Oriente” ya estuvo en cartel hace algunos años y ahora regresa con un elenco renovado. ¿Qué esperan de esta nueva temporada?

I.A.: El público amó esta obra y a quienes ya la vieron los invito a volver porque gran parte del elenco es nuevo y eso trae otras sensibilidades y otras interpretaciones. Y están, además, esos tanguitos ejecutados y cantados en vivo.

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