El 28 de mayo se realizará en El Cairo el simposio «El parque» como un catalizador para la renovación urbana, con motivo de la inauguración del Parque Al-Azhar, programada para el día siguiente. Stefano Bianca realizará la presentación técnica del proyecto Y la apertura del coloquio será de Glenn Lowry (director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, MoMA), y participarán urbanistas, arquitectos y teóricos del arte, entre ellos Bonny Burnham, Selma Al-Radi y Ismail Serrageldin y el autor de esta nota.
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Han sido convocados más de cien especialistas -además de los participantes del coloquio-, para el acto que organiza Benoit Junod de la Fundación Aga Khan para la Cultura, a quien los argentinos conocimos en los años 80 por su intensa actividad como agregado cultural de la embajada suiza y luego como organizador de un gran encuentro internacional de arte en Ankara, a principios de los noventa.
El proyecto para el Parque Al-Azhar se originó hace ya veinte años, en 1984, cuando el Premio Aga Khan de Arquitectura organizó el coloquio Las metrópolis en expansión: el crecimiento urbano de El Cairo. En aquel momento, la ciudad enfrentaba problemas propios del desarrollo urbano: superpoblación y deterioro edilicio. Sin embargo, la ciudad se preparaba para alojar al año siguiente el Congreso Internacional de la UIA (Unión Internacional de Arquitectos). En esa ocasión el arquitecto Rafael de la Hoz entregó la primer medalla UIA al arquitecto egipcio Hassan Fathy.
Los profesionales argentinos participaron en una muestra presentada por el CAYC en la Universidad de El Cairo. Los trabajos fueron recopilados por Andreas Papadakis y publicados por su editorial Academy Editions de Londres. Estuvo toda la semana pasada en Buenos Aires el hijo de Rafael de la Hoz - arquitecto también -, dialogando sobre su padre y la próxima Bienal de Buenos Aires (2005).
La ciudad nació de una necesidad pública. Fue, ante todo, un recinto dedicado a las transacciones comerciales. De allí vino el mercado al aire libre, la feria, que aún subsiste en algunas pequeñas poblaciones de Europa y la América latina. Pero fueron los griegos quienes inventaron el lugar público e hicieron de él la condición única y esencial de la ciudad.
Los romanos amplían y, a la vez, modificanel sistema: el Estado es una ciudad (Roma), pero esa ciudad no abarca el Estado entero, constituido por muchas ciudades. La política y el comercio (con el agregado de la industria) conforman la ciudad medieval: en ella, lo que se crea es la libertad pública frente a la servidumbre de los señoríos. La ciudad medieval es el origen del Municipio, y así de la cosa pública, aquello que es de todos y cada uno, y para todos y cada uno.
La ciudad renacentista establece el espacio público: además de las calles, las plazas y las fuentes cobran valor definitivo. Sin embargo, en la ciudad secularizada del siglo XX, la oposición entre desarrollo político, desarrollo económico y desarrollo social, condujeron a la paradoja de que a mayor grado de democracia fuese menor el grado de intervención de consulta y decisión públicas.
Se ha producido entonces, sobre todo a partir de la década del 50, una reducción del dominio de lo público en general, y de los espacios públicos en particular. El sociólogo norteamericano Richard Sennet adujo, con certeza, «la muerte del espacio público», en un estudio cuyo título es una definición rotunda: La decadencia del hombre público.
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