"El cine abusó del tema del Holocausto"

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El francés Emmanuel Finkiel se inició en la dirección de cine a la misma edad en que lo hacen muchos realizadores argentinos: casi a los 40. Su opera prima, «Voyages» («Memoria») tuvo una repercusión inmediata, ganó no pocos premios (incluyendo el de Mejor Película en el Festival de Jerusalén), y la prensa francesa la saludó como «una de las películas más interesantes que se hayan filmado en los últimos tiempos sobre el Holocausto». Ese elogio, sin embargo, no termina de hacer feliz a Finkiel: « Nunca me propuse hacer un film 'sobre el Holocausto'. Esta no es una película sobre los hechos, sino sobre las percepciones que puede tener alguien que estuvo de chico en contacto con quienes lo sufrieron», dice a este diario.
«Memoria» se exhibirá este fin de semana en el Festival de cine francés, italiano y español en el Village de Recoleta, y la semana próxima se preestrenará en Neuquén en el marco de la Primera Semana de Cine Internacional de la Patagonia que organizan «La Mañana del Sur» y Primer Plano Film Group. En su historia coinciden los casos de tres mujeres vinculadas, directa o indirectamente, con Auschwitz. Una de ellas está visitando el lugar al cabo de medio siglo; a la segunda se le aparece un anciano, en su casa de París, diciéndole que es el padre a quien ella siempre supuso muerto, y la tercera intenta radicarse en Tel Aviv de anciana, sin lograr encontrar el lugar de inserción que siempre soñó.
Periodista: ¿Cómo es la historia personal suya en relación con los personajes que aparecen en el film?
Emmanuel Finkiel: Como en muchos primeros largometrajes, todo lo que aparece remite a mi infancia. Mis abuelos paternos eran judíos polacos, muy similares a los de la película, y vivieron su juventud entre ambas guerras. Yo nací en 1961 y, de chico, mis oídos se acostumbraron a esa música del yiddish. Mi padre, en cambio, fue una de las tantas personas que perdió a sus padres y sus hermanos durante la guerra. De chico yo viví esos silencios, respiré esa atmósfera. De esos recuerdos indelebles de mi infancia está hecho el film.
P.: Imagino que, narrativamente, lo que más le atrae es el tema de la identidad, que tanta importancia adquiere en el segundo episodio.
E.F.: Ese es un tema al que no puedo separar de la idea de comunidad. La comunidad judía, como otras tantas, se reencontró al día siguiente de la guerra con que tenía tantos seres queridos muertos, y sin la posibilidad de hacer el duelo por ellos. Saben que sus padres han muerto en algunos casos, y en otros sólo lo suponen porque no hubo cuerpo ni lugar. Pero lo que también comprobé, a través de mi padre de la forma más directa, fue la existencia de varias generaciones europeas a lo largo de, digamos, 30 o 40 años, perseguidas por fantasmas. No podemos decir que se trate de gente que vive en el pasado, sino de gente que tiene enormes dificultades de vivir en el presente porque no dejan de estar invadidos por el pasado, aunque ellos no quieran.
P.: ¿Tuvo experiencia directa del caso de ese anciano que regresa para decir que ha logrado sobrevivir?
E.F.: No, es una ficción. Pero mientras yo escribía ese episodio, recuerdo que le pregunté a mi padre cómo reaccionaría él si tuviera que atravesar ese caso, si se le hubiese aparecido un anciano, al cabo de 40 años, diciéndole que era padre. Entonces él me respondió que no lo podría reconocer, casi en el sentido de que no lo podría aceptar. Su padre seguía siendo joven en su memoria. En la película, el viejo no se propone reemplazar físicamente al padre sino quizás ocupar, simbólicamente, ese lugar faltante en la cabecera de la mesa, en la casa. Continuar una historia que quedó interrumpida. Pero eso no puede ser así: por eso, cuando la mujer deja de lado definitivamente la perturbadora ilusión de que su padre está vivo, es recién allí cuando el proceso de adopción se puede realizar. Todos hemos experimentado, alguna vez en la vida, la falsa ilusión de que lo irreparable puede ser reparado, negado, y eso no nos permite reencontrarnos con la paz.
P.:Aunque el suyo no lo sea, según ha explicado, ¿a qué atribuye usted la cantidad de films que se están realizando últimamente sobre el Holocausto?
E. F.: Hay que distinguir las cosas. Primero, nadie puede negar que se abusa del tema del Holocausto por razones comerciales. Muchos de estos films son favorables a la emoción, algo que los productores buscan mucho. «Una señal de esperanza», con Robin Williams; « La vida es bella»; también « La lista de Schindler», desde luego. Pero también, en otro tipo de búsquedas, hay una razón generacional. Una distancia.
P.: ¿Comparte usted entonces las críticas de Claude Lanzmann, el director de «Shoah», contra Spielberg?
E.F.: Primero: no comparto con Lanzmann todos sus excesos, sus extremismos. El se siente dueño del tema de la Shoah. Pero sí coincido con mucho de lo que dijo sobre «La lista de Schindler». El cine americano universalizó ahora el recuerdo de Auschwitz en blanco y negro, según la mirada de Spielberg. Y no soporto esa escena de las duchas, que podrá ser muy efectiva desde el punto de vista dramático pero siniestra desde lo histórico. Sin ir más lejos, a los «negacionistas» esa escena les viene como anillo al dedo: la podrían sumar a su colección de «testimonios» de que el Holocausto no ha existido.

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